Parece que la Unidad Militar de Emergencias, esa fuerza todoterreno que puede apagar incendios, rescatar gatos, mover montañas y, según algunos, hasta arreglar presupuestos, ha descubierto una nueva misión estratégica, como es combatir la peste porcina en Cataluña. Una emergencia nacional de primerísimo nivel, faltaría más.
Curioso, ¿verdad? Porque cuando la DANA arrasó medio país, algunos esperaron a la UME como quien espera a los Reyes Magos… y al final llegaron los camellos, pero sin regalos. Pero oye, tú di “peste porcina en Cataluña” y ahí aparece la UME más rápido que un político oliendo una cámara de televisión.
La pregunta del millón —o del rescate europeo, según se mire— es inevitable:
¿Todas las comunidades autónomas tienen los mismos derechos… o depende del color político de la cartilla Pantone en Moncloa?
Porque ya sabes: España es diversa, plural y maravillosa, siempre y cuando votes lo correcto. Si no, te atiende Protección Civil… cuando pueda.
Mientras tanto, en este país tan entretenido, las urgencias se amontonan como facturas de autónomo, amenazas de Ábalos por un lado, casos de corrupción por el otro, la peste porcina dando titulares, los pescadores en huelga porque ya ni el mar tiene paciencia, y una inflación que hace que ir al súper sea una experiencia espiritual, entras ateo y sales rezando.
Pero no hay problema. Tranquilidad. Todo bajo control. El Gobierno tiene un plan:
Enviar la UME para tranquilizar a quien conviene. Llamar “bulo” a lo que molesta. Subir impuestos para lo que falte. Y rezar para que no aparezca otra peste más… porque ya no queda agenda disponible.
Eso sí, no olvidemos la gran lección de esta semana:
El cerdo catalán tiene más suerte que muchos ciudadanos de otras regiones.
Mira tú qué cosas.
Al final, igual la UME no está para emergencias; está para emergencias… políticas.
Pero que nadie se alarme, porque en este país, lo único que sube más rápido que los precios es la capacidad de los responsables de decir que todo va fenomenal.
Salva Cerezo