Dicen que la incompetencia se paga cara, pero la maldad… se premia con toga, cargo vitalicio y un asiento de primera fila en el esperpento judicial del siglo. Así estamos, Mazón, el presidente que quiso reflexionar sobre su futuro, quizás esperando una señal divina o al menos una encuesta favorable, acaba dimitiendo por torpe. Y el mismo día, por arte de un calendario político que ni Berlanga se atrevería a escribir, el Fiscal General del Estado comparece ante el juez.
Pero, eso sí, con un pequeño detalle, él mismo se sienta en el tribunal de su propio juicio, enfundado en su toga y flanqueado por sus compañeros fiscales… los mismos que deberían estar acusándole.
La escena roza lo surrealista. Un acusado que preside su propio proceso, un coro de fiscales que aplauden discretamente desde el estrado, y una Justicia que parece más un club de amigos que un pilar del Estado. Lo llaman independencia judicial, pero huele a independencia selectiva, de esa que depende del color del despacho o del carnet que uno guarda en el bolsillo interior de la americana.
Mientras tanto, el PP, en su infinita torpeza estratégica, elige el mismo día para sacrificar a Mazón en el altar mediático. Si lo que querían era tapar el escándalo del Fiscal General, han conseguido lo contrario, un doble espectáculo. Uno, el de la incompetencia política; el otro, el de la desvergüenza institucional. Una sincronización tan absurda que haría sonrojar al mismísimo Murphy y su ley.
Pero claro, la diferencia es clara, Mazón peca de torpe con un año de retraso, los otros de malos. Y en esta España invertida, la torpeza se castiga y la maldad se promociona. Al torpe se le pide la cabeza por no saber navegar entre las aguas turbias del poder; al malo se le renueva el puesto, se le viste de imparcialidad y se le ofrece una columna en los medios afines para hablar de ética judicial.
Quizás Mazón no sea un santo, ni un genio político, pero su dimisión deja un regusto amargo, el de comprobar que en esta tragicomedia nacional, los que tropiezan por ingenuos caen… y los que conspiran con cálculo siguen firmes en el escenario.
Así que sí, Mazón dimite por torpe. Pero los otros, los que confunden el Estado con su cortijo, ni se despeinan. Porque aquí, querido lector, la incompetencia avergüenza… pero la maldad gobierna.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 04/11/2025

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