Ayer se celebró el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y vaya por delante mi felicitación sincera para todas ellas. Porque si algo ha demostrado la historia es que, cuando la mujer avanza, la sociedad también lo hace… aunque a algunos todavía les cueste entenderlo.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que se decía aquello de: “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Una frase que sonaba muy elegante, pero que en realidad era una manera muy fina de dejar a la mujer… detrás.
Hoy la cosa ha cambiado bastante. Ahora algunos estudios aseguran incluso que una de las mejores decisiones que puede tomar un hombre para su salud es casarse con una mujer. Vamos, que además de amor, también resulta ser una especie de seguro de vida.
Si miramos hacia atrás, la explicación quizá esté en nuestros orígenes. En la época de las cavernas, mientras el hombre salía a cazar mamuts presumiendo de fuerza bruta, la mujer se quedaba organizando el clan, cuidando a los hijos, administrando la comida y asegurándose de que aquello no terminara en desastre.
Es decir, uno traía el mamut… y la otra conseguía que alcanzara para todos.
Así, poco a poco, mientras el hombre desarrollaba músculo y testosterona, la mujer fue desarrollando algo mucho más peligroso para cualquier sistema: inteligencia emocional, paciencia y estrategia. Tres herramientas con las que, sin hacer demasiado ruido, fue entrando en todos los espacios de la sociedad hasta ocupar el lugar que le corresponde.
Y lo hizo, en muchos casos, con la ayuda de hombres sensatos que entendieron que compartir el timón no hunde el barco… sino que suele evitar que se estrelle contra las rocas.
Por suerte, en mi caso siempre he estado rodeado de mujeres: una madre, dos hermanas, dos hijas y muchas amigas a las que respeto profundamente. Me educaron para algo que hoy parece casi revolucionario: tratar a las mujeres con respeto, admirar sus diferencias y aprender de ellas.
Porque quizá el verdadero problema de estos tiempos no sea la igualdad, sino la absurda moda de convertir la convivencia en una guerra de géneros.
Ahí tenemos algunos lemas modernos del feminismo militante, como ese de “Quiero llegar sola y borracha a casa”.
Y uno se pregunta, con toda la humildad del mundo:
¿No sería mucho mejor llegar sobria, bien acompañada y después de haber pasado una noche inolvidable?
Pero en fin… solo es una sugerencia.
Porque al final, por mucho que algunos se empeñen en enfrentarnos, la historia lo ha dejado bastante claro…
Ni el hombre sin la mujer, ni la mujer sin el hombre… han llegado muy lejos.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 09/03/2026

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