Hay expresiones que no necesitan demasiadas explicaciones. «No está el horno para bollos» es una de ellas: cuando la temperatura sube demasiado, lo prudente es apartar la masa y esperar a que las cosas se enfríen. De lo contrario, podemos conseguir un bollo quemado por fuera y crudo por dentro. Vamos, una auténtica chapuza.
Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo en el PSOE. Después de la aparición del galgo de Paiporta tras su particular retiro espiritual en La Mareta, el horno socialista ha empezado a echar humo. Algunos ya han dejado de comprar la mercancía presidencial y otros, más previsores, parecen estar preparando la mudanza antes de que se apague definitivamente la luz.
Porque cuando un líder pierde la flor, acumula fracasos y empieza a mirar más a los tribunales que a las urnas, los fieles suelen convertirse rápidamente en críticos.
Hasta el orangután Puente asoma la patita, mientras algunos socialistas desempolvan el viejo manual de «sálvese quien pueda» y empiezan a calcular cómo será el PSOE del día después.
Y mientras tanto, hay quienes reclaman nuevas herramientas legales para responder con rapidez a posibles operaciones de desestabilización mediante ataques híbridos. Porque en tiempos revueltos conviene distinguir entre quien viene a buscar una vida mejor y quien pretende convertir la inmigración en munición política.
Decía Martin Luther King que, si no puedes volar, corre; si no puedes correr, camina; y si no puedes caminar, gatea. Pero siempre hacia adelante.
El problema es que algunos políticos han confundido avanzar con seguir dando vueltas alrededor del mismo horno.
Y así estamos, la masa socialista parece demasiado caliente, los bollos empiezan a quemarse y, por si acaso, algunos ya están buscando quién tiene la receta del día después.
Porque, visto lo visto, no está el horno para bollos… ni el PSOE para pasteleros, ni el chichi p’a farolillos.
Salva Cerezo