En un país donde el ciudadano medio ya ha aprendido a hacer malabares con la hipoteca, la compra y la factura de la luz (todo al mismo tiempo y sin red de seguridad), el Gobierno ha encontrado la fórmula mágica para salir adelante, contratar más de 1700 asesores y empleados a costa del contribuyente. ¿Para qué invertir en sanidad, educación o en arreglar carreteras llenas de baches si se puede montar un ejército de asesores que, a este paso, necesitarán asesorarse entre ellos?
Y mientras tanto, el presidente, el mismo que esquilma a la clase media con impuestos dignos de novela negra, ya sueña con las aguas turquesas de Lanzarote. La única duda es si conseguirá llegar a tiempo para lucir palmito en la playa o si las próximas imputaciones, esas que empiezan a sonar como tambores lejanos, le obligarán a cambiar el bañador por el traje de chaqueta… y no precisamente para una cumbre internacional.
Aquí encaja a la perfección el dicho popular: “no tener escrúpulos”, basado en la acepción latina que significaba guijarro, esos que se les metían en las sandalias causándoles bastante dolor y que por lo tanto quienes no tenían escrúpulos eran los mandos que iban a las grupas de los caballos. Porque hacen falta nervios de acero (o de plomo) para sangrar a la población mientras se reparte el botín a base de sueldos públicos, dietas y privilegios que harían sonrojar a un marqués del siglo XIX.
¿Y los ciudadanos? Aplauden con una mano mientras con la otra sujetan la cartera… no vaya a ser que se la vacíen un poco más antes de que llegue el verano. Porque si algo hemos aprendido es que en España los únicos que tienen vacaciones aseguradas son los que se las pagan con el sudor ajeno.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Sin Categorizar,

Última Actualización: 08/07/2025

Etiquetado en:

,