El otro día, en una de esas redes sociales donde, al parecer, se ventila nuestra libertad y se maneja nuestra opinión, escuché a una niñata botarate e inculta decir, llena de razón y empoderamiento, que en tiempos del General Franco había una Ley que permitía que el marido diese dos palizas, al año, a su mujer.
Más que asco, al escuchar semejante barbaridad, me produjo pena y una enorme tristeza, no por el hecho de haberlo oído de la boca de una estúpida ignorante como aquella, sino porque alguien se lo tuvo que decir, ya que, con las pocas luces que se atisbaban en aquella individua, difícilmente su nivel mental le permitiría consultar el BOE para conocer, al pie de la letra, la supuesta Ley, ni tampoco inventar tan ridícula patraña.
Sin embargo, lo más grave de todo esto no deja de ser que hay quien, de forma consciente y deliberada, trata de tergiversar la Historia, valiéndose de la falacia más burda para engañar a esa juventud, en la mayoría de los casos, malformada que han ido moldeando los partidos y grupos de la izquierda y la ultraizquierda a su gusto y antojo, inculcándoles un odio exacerbado.
Todavía, en alguna calle de mi ciudad, te puedes topar con un pasquín, firmado por no sé qué grupúsculo siniestro, que alienta la implantación del socialismo para frenar “la barbarie”. ¿Qué barbarie?, me pregunto yo, y, sobre todo, ¿ qué socialismo quieren implantar?
No será ese trincón y corrupto que pretende perpetuarse en el poder a costa de nuestras libertades; ese que no pone objeción en vender España por parcelas con tal de seguir en el machito. Ese al que no le importa pactar con toda la escoria, incluidos los que homenajean a viles asesinos que se llevaron por delante la vida de buenos españoles.
Ese de los eres y las mascarillas; el de las tramas de los amiguetes para hacerse ricos a costa de un pueblo adormecido. Ese que tergiversa la historia de forma indecente para reescribir una nueva en la que sus constantes tropelías queden ocultas y nadie pueda llegar a saber todo el dolor que han causado a lo largo de nuestra historia o qué fueron aquellas checas sociatas y comunistas en las que tantos buenos españoles fueron masacrados, simplemente por no pensar como ellos ni comulgar con su ideología perversa, criminal y canalla.
Ese que ha dado la espalda, de forma miserable, a una buena parte de españoles que todavía sufren las consecuencias de un fenómeno atmosférico que se produjo allá, a finales de octubre, mientras corren a enviar dinero de nuestro erario a lejanos países que nada tienen que ver con nosotros. ¿Es ese el socialismo que anhelan los firmantes del cartel?
A los sociatas, tan indignos y canallas como siempre, poco les importa volver a dividir a los españoles en dos bandos irreconciliables como en los tiempos de aquel perverso frente popular que nos condujo a una lamentable y desgraciada guerra civil, simplemente porque la mitad de España, la no roja, se negaba a dejarse asesinar por milicianos y milicianas.
Es muy triste oír a tipejas como la referida, carentes de la más mínima formación, repetir como una cotorra las consignas que aprendió de una colección de miserables malvados, tan ignorantes como ella, a los que poco les importaba valerse de la más burda de las mentiras con tal de desacreditar a los que no pensaban como ellos y les hacían frente en aquellas asambleas tumultuarias. Una vieja táctica muy utilizada por aquellos “comités de facultad” para poner contra las cuerdas a todo aquel que no siguiese, al pie de la letra, sus postulados.
¿Es ese el socialismo que quieren que triunfe? ¿Ese que viene de la mano de la malvada y perversa ignorancia? Pues conmigo, desde luego, que no cuenten.
Como mejor muestra de esa maldad perversa de estos miserables que nos desgobiernan, esa declaración programática de la podemita o de lo que sea, que lleva eso de “igualdá”, que pretende exigir a la Iglesia Católica que permita comulgar a los que se encuentren en pecado mortal. ¿Pero quién te crees que eres? El colmo de los colmos.
Ya estamos hartos de esta colección de impresentables que pretenden controlarlo todo.
Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)