La religión y las sectas tienen en común la fe ciega en las doctrinas que predican los líderes religiosos y los gobernantes ateos.
Hoy apenas hablaré de los políticos. Prefiero dirigirme a sus víctimas, especialmente a las irrecuperables, a los fanáticos con estudios, a los ciegos que ven pero miran para otro lado, a los que disculpan las desvergüenzas de su gente, a los que se han quedado sin argumentos. a las víctimas del sanchismo que militan en su organización criminal, a los que recuerdan que la derecha también robó a manos llenas y evitan reconocer que hoy los delincuentes son la banda de Sánchez y Zapatero.
Vivimos en una sociedad fácilmente manipulable en la que no es casual que el periodismo ha dejado de ser informativo para ser opinativo. Todo se ha convertido en tertulia, los comentaristas más fanatizados son gente menor e iletrada a la que no se le conoce un oficio porque les basta con llevar el carnet de su partido entre los dientes.
La sociedad es plural, la juventud también y la mayoría silenciosa está formada por ciudadanos de ambos sexos que votan con inteligencia, no con el corazón, porque han entendido que la libertad y la defensa de nuestros derechos no está en la ideología de los sectarios sino en la voluntad de los ciudadanos libres.
Los independentistas catalanes de Junts acaban de anunciar que van a votar a favor de un adelanto electoral porque hasta sus votantes están hartos de ser socios de un amoral que tiene imputados a media familia y medio partido.
La gran obra de Pedro Sánchez ha sido dividir a los españoles – algo en lo que trabajó con eficiencia Zapatero – y hacer que El Psoe tenga los días contados.
Diego Armario