Si creías que ya lo habías visto todo en política, llega Ryanair para recordarnos que en España el surrealismo no lo inventó Buñuel, sino las aerolíneas de bajo coste. En plena crisis del transporte, trenes, Falcón, y los Pegasus sin funcionar, ahora la compañía irlandesa no se conforma con cobrarte 50 euros por una botella de agua ni 100 por sentarte al lado de tu pareja; ha decidido dar un salto de calidad: extorsionar directamente al gobierno.
En vez de negociar con Bruselas, con sindicatos o con asociaciones empresariales, el presidente se encuentra frente a su peor pesadilla: un Boeing 737 con acento dublinés que amenaza con dejar en tierra a media España si no recibe lo que pide.
Porque Ryanair no vuela, Ryanair secuestra:
¿Quieres llevar maleta?: peaje obligatorio.
¿Quieres imprimir la tarjeta de embarque?: recargo sorpresa.
¿Quieres a tu hijo sentado contigo?: suplemento emocional no reembolsable.
Y ahora, ¿quieres gobernar tranquilo?, pues toma chantaje institucional.
La escena sería digna de una comedia: el presidente reunido con directivos de la aerolínea, mientras estos aparecen disfrazados de mafiosos sicilianos, con un carrito de bebidas a modo de maletín de amenazas.
“Bonito gobierno tienes… sería una pena que dejara de despegar”.
Mientras tanto, los españoles, que ya hemos aprendido a viajar con la ropa puesta en capas como cebollas para no pagar maletas, ahora asistimos incrédulos al primer secuestro político en clase turista.
Al final, Ryanair ha logrado lo impensable: unir en el mismo cabreo a pasajeros, políticos y hasta a los enanos del circo gubernamental. Y lo peor es que, como siempre, acabaremos aplaudiendo cuando aterrice.
Salva Cerezo