La política exterior española ha sufrido una notorio desvanecimiento de su peso internacional debido a las últimas decisiones del presidente del Gobierno, más orientadas a satisfacer a sus socios parlamentarios o a los lobis internos del PSOE que a desarrollar una política de Estado útil para el país.

Sólo así se explican episodios como los contratos con Huawei y la visita a China, que han alarmado a nuestros socios europeos; la decisión de desmarcarse del acuerdo en torno al aumento del gasto militar de la OTAN en un 5% del PIB después de firmarlo, el veto al caza norteamericano F-35, las tensiones con Israel y el empecinamiento en la oficialidad europea del catalán que ha terminado por molestar a nuestros socios.

Todas estas señales priorizan un enfoque introspectivo, orientado a calmar tensiones internas más que a fortalecer los lazos atlantistas y con la UE. Esta conducta de Sánchez ha erosionado la credibilidad de España como socio fiable en los grandes asuntos estratégicos.

La prueba de que no somos un país confiable se evidenció ayer. Los líderes europeos –Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Polonia y Finlandia– sostuvieron una videoconferencia clave con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, así como con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, para preparar la cumbre del primero con Vladímir Putin en Alaska que se celebrará mañana.

Sánchez quedó relegado a una reunión virtual posterior, una especie de ‘coche escoba’ en el que se informó a mandatarios de segundo nivel. El Gobierno español alega que está representado por la presidenta de la Comisión y el presidente del Consejo, pero es innegable que la ausencia de Sánchez supone un claro desplazamiento del núcleo geopolítico europeo al que España ha dejado de pertenecer.

Nuestro país ha quedado relegado a una posición secundaria, simple receptor de lo decidido por otros.

La decisión de excluir a Sánchez no surge en el vacío. En su momento, España tampoco firmó el comunicado conjunto emitido por la jefa del Ejecutivo comunitario y seis líderes (Macron, Merz, Meloni, Starmer, Tusk y Stubb) en defensa de la integridad territorial de Ucrania, lo cual reforzó la percepción de que Madrid ha abandonado la coordinación con sus socios europeos. El PP calificó esta exclusión como un «grave revés diplomático» y acusó al Gobierno de Sánchez de sumir al país en la irrelevancia internacional.

La soledad diplomática del presidente fue ya evidente en junio en La Haya, en el marco de una cumbre de la OTAN donde se le percibió voluntariamente aislado, con posturas ambiguas que desgastaron la reflexión común dentro de la Alianza. Resulta significativo que muchas capitales europeas valoren ahora la fragilidad interna del Gobierno español como un factor clave: hay serias dudas sobre hasta cuándo Sánchez podrá mantenerse al frente del Ejecutivo.

El ruedo político está marcado por posibles negociaciones con Junts y por la continua reconfiguración de su coalición, mientras sigue contando con el influjo conspicuo de Rodríguez Zapatero, uno de los pilares del Grupo de Puebla.

Esta influencia ha impulsado una orientación contracultural y de confrontación simbólica –contra Trump, en defensa de Palestina o a favor de un acercamiento a China– más que una estrategia bien pensada.

ABC

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Última Actualización: 14/08/2025

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