Quién nos iba a decir que el país que presume de sol, paella y turismo de calidad terminaría convertido en un escape room logístico. Con más de un 13% del PIB descansando en la hamaca de los visitantes, Renfe y AENA parecen haber decidido jugar a ver quién la lía más gorda estas vacaciones. Spoiler: van empatados.
Por un lado, Renfe, que lleva semanas demostrando que puede superar cualquier marca de retrasos, cancelaciones y errores de planificación. Al frente, un ministro de Transportes que está de puente permanente… en el sentido literal y figurado. Se sospecha que está realizando una tesis sobre la resiliencia del ciudadano medio que paga billete y acaba haciendo blablacar con desconocidos.
Por otro lado, aeropuertos al borde del colapso. Con colas que harían palidecer a Disneyland París en agosto, Interior sigue racaneando efectivos como si la seguridad fuera una afición y no una necesidad en plena ola turística. Según expertos, el ratio de policía por pasajero ya rivaliza con el de barman por cliente en un botellón.
Pero que no cunda el pánico, María Jesús Montero, en un arranque de sinceridad involuntaria (gracias a un micrófono abierto), atribuye los fallos a “sabotajes”. Ya solo falta que se saquen de la chistera un troll ruso o un comando marciano para completar la lista de culpables externos.
Y mientras tanto, el gobierno sigue con sus negociaciones de alto riesgo. Tras el encarcelamiento de Santos Cerdán, ese arquitecto del “progresismo” de saldo, envían a Zapatero, quien según Aldama podría tener un cameo en la trama de los hidrocarburos, para convencer a Junts de que aprueben la Ley Bolaños.
En el menú incorporan 30 exigencias, entre ellas la independencia judicial para Cataluña, porque si vamos a jugar al Monopoly, hagámoslo bien, cárcel gratis para los amigos y el Paseo del Prado en exclusiva para Puigdemont.
Con este panorama, no es de extrañar que se empiece a hablar de un podio de los más dañinos para la historia de España, donde Fernando VII, Zapatero y Sánchez se disputan el oro con tanto entusiasmo como el de los trenes para no llegar a tiempo.
Suma y sigue… porque ¿quién dijo que esto no puede ir a peor? Aquí siempre hay margen para sorprenderse.
Salva Cerezo