Dicen que «nadie es profeta en su tierra», y los españoles nos hemos tomado el refrán tan en serio que ahora, para disfrutar del sol, la playa y el «todo incluido», tenemos que cruzar el Atlántico. ¡Qué ironía tan mediterránea!
Mientras en Punta Cana te sirven un cóctel por cinco euros y te hacen sentir como el rey emérito en sus buenos tiempos, en Mojácar te cobran quince por una cerveza con vistas a un parking y todo esto en plena ola de calor, la más alta desde que se tienen registros.
Veranear en España se ha convertido en el último deporte de alto riesgo para la clase media.
Reservar una semana en la costa es un acto de fe, y sobrevivir a los precios, una hazaña digna de epopeya. Que si 180€ la noche por un apartamento con ventilador de techo y decoración estilo “abandonado con encanto”, que si sombrilla y hamaca a precio de coche usado… Y no hablemos de comer fuera, una paella para dos, con arroz pasado y gambas despistadas, puede costarte el equivalente al sueldo mínimo de un país del Este.
¿El culpable? Esa entidad invisible, pero omnipresente, llamada “el mercado”. También conocido como «turismo internacional», que convierte al turista alemán en VIP y al español en intruso. En efecto, el español en Benidorm es el nuevo okupa, porque incomoda, no gasta lo suficiente y, encima, exige que le entiendan sin necesidad de subtítulos.
Y es que los grandes gurús del negocio han decidido que lo nuestro no es disfrutar, sino servir. España ya no es país para turistas nacionales. Si quieres bañarte en nuestras costas, lo ideal es que vengas de Oslo, traigas un seguro de viaje y no preguntes por el menú del día.
Mientras tanto, millones de españoles abren buscadores de viajes como quien consulta un oráculo, y se encuentran con que, por el mismo precio que una semana en Almuñécar, pueden pasar diez días en un resort dominicano, con vuelos, pulserita y clases de bachata incluidas. Y claro, la decisión está clara, “Veranearemos en España cuando cobremos en francos suizos”.
Así que este verano, en lugar de gastar el sueldo de julio y agosto en un chiringuito patrio con sardinas a precio de langosta, muchos españoles optan por el Caribe, donde al menos, por lo que pagan, los tratan como turistas y no como lerdos.
Porque, al final, nadie es profeta en su tierra. Sobre todo si tu tierra prefiere importar divisas que cuidar a sus hijos. Bienvenidos al turismo nacional 3.0, si quieres disfrutar de España, tendrás que hacerlo desde fuera.
Salva Cerezo.

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Última Actualización: 29/06/2025

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