Ayer, en el Congreso, Yolanda Díaz se quedó sola defendiendo su “proyecto estrella”, la reducción de jornada. Una estrella fugaz, visto lo visto, porque no había nadie para aplaudir el estreno.
Mientras ella hablaba al aire, Sánchez optaba por un plan más glamuroso con cine, palomitas y sonrisas acompañado de Marlaska y su esposa, celebrando que Begoña ya tiene más rodaje en los juzgados que en la alfombra roja.
La película elegida no podía ser más simbólica: «El Cautivo», sobre la juventud de Cervantes y su encierro en Argel. Quizá Sánchez se sintió identificado… no por la creatividad, sino por la soledad de los abucheos que lo acompañan en cada acto público. Porque si Cervantes usó la imaginación para iluminar la oscuridad, nuestro presidente usa el Falcón y la chequera para alumbrar su propio ego.
Eso sí, mientras Yolanda aprendía que el Congreso no es una “asamblea de fans”, Sánchez contrataba nuevos escoltas para su mujer. Total, si la realidad no se compra, al menos que se compre silencio alrededor. Y así, como en toda buena película, el final siempre se repite, la ciudadanía mirando desde la butaca, pagando la entrada… y el “protagonista” empeñado en creerse inmortal en cartelera.
Salva Cerezo