Cada 28 de diciembre celebramos en España el Día de los Santos Inocentes, esa jornada en la que la mentira se permite, la broma se legitima y el engaño se viste de humor. Un día perfecto para gastar inocentadas… o para leer el BOE sin atragantarse.
El origen no es precisamente festivo. La tradición recuerda el relato bíblico de la matanza ordenada por Herodes, aquel gobernante que, temeroso de perder el poder, decidió sacrificar inocentes para asegurar su trono. Nada nuevo bajo el sol, el miedo a perder el sillón siempre ha sido un gran motor de la historia.
Con el paso de los siglos, la tragedia se dulcificó y pasó a convertirse en una jornada de bromas.
Hoy, sin embargo, la frontera entre la inocentada y la realidad vuelve a difuminarse, especialmente cuando uno repasa la actualidad judicial del Gobierno. Porque hay días en los que cuesta saber si estamos ante una broma pesada o ante una tomadura de pelo institucional.
Casos judiciales que “no existen”, imputaciones que “no afectan”, investigaciones que “no preocupan” y responsabilidades que “no son de nadie”. Todo muy propio del 28 de diciembre. La diferencia es que las inocentadas tradicionales duran 24 horas; las oficiales se estiran legislatura tras legislatura.
Mientras tanto, los ciudadanos asistimos al espectáculo con la candidez del santo inocente moderno, o sea, confiando, pagando y esperando explicaciones que nunca llegan. Porque aquí los inocentes siempre son los mismos, y los culpables, curiosamente, jamás aparecen en la foto.
Así que feliz Día de los Santos Inocentes. Reid, gastad bromas y desconfiad … que viendo el panorama, mañana puede que nos digan que Sánchez aguantará toda la legislatura o que todo era una inocentada.
Y casi nos lo creeríamos.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 28/12/2025

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