Una entrevista de un miserable a una víctima de sí misma. Se pasó el aspirador para higienizar el sillón donde durante los minutos de programa se sentó el cerebelo de una Olona invitada a su propia ejecución pública. Así sirvió en bandeja la burla multitudinaria para deleite de una panda de parásitos y depredadores que ahora defiende cuando antes los denostaba.
No engaña ni a propios ni a extraños, ni a los amigos traicionados ni tampoco a los enemigos que buscan usar su oportuno rencor con las elecciones a la vista. Ejecución ridícula y motivada por ella misma con esa sucesión de bandazos que inició con el teatralizado peregrinaje a Santiago.
Aquella función actoral sobrepasaba la aparente templanza de una Olona un tanto desquiciada, quizá ejerciendo de sí misma. Desde entonces, la incongruencia de vergüenza ajena y el desatino sucesivo la han convertido en una decepción permanente ahondada en un estrepitoso fracaso personal que no ha pasado inadvertido ante la opinión pública, testigo sorprendido del espectáculo circense de una malabarista de la palabra y del compromiso personal.
La nueva diva de la hipocresía política se dejó hacer sulfurada de escaso protagonismo, ávida de pronunciarse a falta de ideal político en la contradictoria y fatua vanidad de personaje venido a menos, cuya honorabilidad ha quedado lastrada en pocos meses por una patética egolatría. Cuando arribó a VOX el grueso del trabajo estaba hecho y pensó que por talento propio aspiraría a liderar el partido.
Flaco favor se hizo Abascal concediendo confianza en demasía a una abogada dispuesta a trepar por las filas hasta el pedestal de un triunfalismo donde poco le importaba lo que defendía en apariencia, mero instrumento para usarlo en provecho propio. Se coló una arribista de ideal maleable según el oportunismo dictase el discurso pertinente, antes efectista en el Parlamento para España , ahora para sí misma arrimada al mejor postor con la dignidad en venta.