«Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto» es un buen título de una buena película de Agustín Díaz Llanes, pero también es una oportuna reflexión que podría hacerse la gente con vocación de eternidad y vida pública caduca que acaba muy mal, aunque hayan conseguido garantizarse en vida cientos de miles de sestercios.
Estos personajes eventuales están condenados al olvido, al desprecio y a la traición de los suyos que perciben a tiempo el olor a chamusquina que emite el Cesar de cartón cuando se aproxima el momento de su derrota, porque en política nadie apuesta a caballo perdedor.
Los mamporreros a los que les quemaban las manos de tanto aplaudirle incluso en el momento de la derrota ya han empezado a mover ficha y a mirar de reojo para pelear por el nuevo lugar que pudieran ocupar en un organigrama reducido donde el grito que más se repite es “¡maricón el ultimo”!
No es una cuestión ideológica. Lo es de supervivencia y como no basta con creerse la propia propagando preelectoral, ya dan por amortizado al que inspiro a Irene Lozano el libro Manual de resistencia.
En la historia de las sociedades organizadas siempre ha existido un Bruto que ha apuñalado al Julio Cesar de turno, aunque líbreme Dios de hacer comparaciones que pudieran resultar vomitivas.
A la historia se puede pasar como Gengis Kan, fundador del imperio más grande de la historia, como Aspasia de Mileto , una de las mujeres de compañía más inteligentes e influyentes de la Grecia clásica; como Napoleón Bonaparte, como Catalina de Rusia o Abraham Lincoln, y podría alargar esta lista en cien nombres, pero no muchos más, porque hay gente que acaba muy mal en poco tiempo víctima de su propia incapacidad para sentir un mínimo de empatía por los suyos, a los que considera meros instrumentos de usar y tirar en el mantenimiento de su poder.
Solo los que no se juegan nada porque ya no están en nada han levantado un poco la voz después de un silencio parecido al de los corderos, pero tras las elecciones de julio, si les va tan mal como predicen algunas encuestas, volverán a sacar pecho reivindicando un pasado en el que les fue mejor.
En caso contrario harán una fiesta los despojos de los socios que les han llevado a la ruina.
Diego Armario