España vive instalada en la anomalía, pero lo del sábado supera el listón. Begoña Gómez, citada por el juez Peinado para comunicarle que, en caso de ser procesada, la juzgaría un tribunal popular, decidió no presentarse. Mandó a su abogado en su lugar, como si lo que estaba en juego fuera una multa de tráfico y no un procedimiento penal que amenaza con manchar a la mismísima Moncloa.
El gesto no es inocente, cuando una imputada no se persona ante el juez, se abre la puerta a una petición de detención. En cualquier ciudadano común, el escenario estaría claro, si no compareces, te vienen a buscar. Pero aquí hablamos de la esposa del presidente del Gobierno, y la sombra del privilegio sobrevuela cada movimiento.
El juez esperaba a la acusada, no a un emisario. La comparecencia no era un capricho, sino un trámite esencial: informarle de la posibilidad de ser juzgada por un jurado popular. Que la citada haya dado la espalda al procedimiento es un desafío directo al propio sistema judicial. Y eso, en un Estado de derecho, no es un detalle, es un órdago.
La defensa alega que todo está en regla, pero la imagen es demoledora, la mujer del presidente tratando al juez como a un funcionario de segunda, al que basta enviarle un recado. Entre tanto, el Gobierno insiste en hablar de “persecución” mientras la oposición reclama igualdad ante la ley. Y los ciudadanos, que ven cómo a cualquiera de ellos ya le habrían puesto los grilletes, sienten que la justicia empieza a perder credibilidad.
No estamos ante una anécdota ni ante una escenografía política más. Lo de ayer fue un choque frontal entre la autoridad del juez y la soberbia de una imputada que se permite no comparecer. La gravedad del gesto es tal que, si la justicia no actúa con firmeza, quedará instalada la idea de que en España hay dos códigos: uno para el pueblo y otro para quienes pisan la moqueta del poder.
Porque… “cuando una imputada no se presenta y no pasa nada, lo que queda en el banquillo es el propio sistema judicial.” El privilegio convertido en norma es la peor de las corrupciones.”
Salva Cerezo