Hay días en política que parecen elegidos por un guionista con mala uva y sentido del espectáculo.
Justo cuando el Gobierno decide desclasificar los papeles del intento de Golpe de Estado del 23F, va y aparece Yolanda Díaz para anunciar que no se presentará como candidata a liderar la ultraizquierda española y cinco horas después fallece el protagonista de aquel fatídico golpe Antonio Tejero.
Casualidad. Seguro.
La explicación oficial para abrir los archivos del 23F es pedagógica, evitar que los jóvenes anden por ahí cantando el “Cara al sol” como si fuera un hit del verano. Una especie de Spotify histórico patrocinado por la memoria democrática. Porque ya se sabe que, si un veinteañero tiene acceso a documentos desclasificados, automáticamente deja de tararear consignas y se pone a estudiar el BOE de 1981.
Mientras tanto, Yolanda, la ministra que convirtió cada rueda de prensa en un monólogo de club de la comedia con estética ministerial, decide bajarse del escenario. Y aquí surge la gran duda nacional:
¿Oportunismo preventivo ante una posible debacle electoral o sensatez repentina fruto de la aritmética parlamentaria?
Solo ella lo sabrá.
Hay quien sostiene que su retirada es un acto de responsabilidad histórica. Otros, más malpensados, creen que cuando el barco empieza a hacer aguas, lo elegante es decir que uno nunca tuvo intención de cruzar el océano. En cualquier caso, media España dice que la echará de menos.
No por revolucionar el mercado laboral, sino por esos discursos que tenían más adorno retórico que sustancia práctica, pero que lograban ese tono entre entrañable y vintage, como cómico progresista de los años setenta con carpeta de colores.
Y mientras el foco mediático se reparte entre el pasado del 23F y el futuro incierto de la izquierda alternativa, hay una pregunta que se desliza con mala intención:
¿Por qué se desclasifican unos documentos de hace 45 años mientras otros millones permanecen bajo siete llaves en lo que algunos ya califican como el gobierno más opaco y hermético de nuestra historia reciente?
Será que la transparencia funciona como las rebajas, se aplica solo a la temporada pasada.
Así que aquí estamos, asistiendo a este curioso equilibrio entre memoria selectiva y renuncias estratégicas. Un país donde los archivos se abren con solemnidad mientras otras carpetas acumulan polvo administrativo, y donde las despedidas políticas suenan a veces más a cálculo que a catarsis.
Pero no nos pongamos dramáticos. Como dice el refrán, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Y en este río político nuestro, siempre hay alguien lanzando la red… aunque luego diga que no pensaba pescar.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 26/02/2026

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