Pablo Iglesias ha viajado a La Habana para hacer campaña a favor de la dictadura más longeva de América Latina y, de paso, disfrutar de los placeres reservados a los que se manejan con la impunidad que les garantizan de los amigos de ese régimen criminal.
El marido de Irene Montero es un comunista de élite que en España disfruta de los derechos y libertades de nuestra democracia y en Cuba vive la excepción que le permiten los dirigentes castristas.
Si algo caracteriza a ese tipo de políticos es la total ausencia de pudor y la insensibilidad por los disidentes encarcelados o fusilados desde 1959 hasta hoy en el régimen castrista.
En España hay comunistas de salón que defienden su ideología y hacen la vista gorda cuando se trata de los excesos que perpetran los dictadores de otros países, porque el comunismo es la desgracia de los que no viven en libertad y la mentira de los que prometen la justicia social en las dictaduras.
Hay ciudadanos que se autodefinen comunistas y no tienen una idea clara de lo que significa esa doctrina política que Pablo Iglesias conoce a la perfección en la práctica política del comunismo institucional que perdura en China, Cuba, Vietnam, Laos, Corea del Norte y algunos países africanos.
No permanecen en esa clasificación otros países tradicionalmente comunistas como la extinta Unión Soviética, hoy la Rusia de Wladimir Putin, donde las libertades civiles no son comparables a las de Europa.
Es fácil ser comunista en democracia y muy difícil ser demócrata en países totalitarios y por esa razón hay que proteger los derechos fundamentales que están en riesgo en algunos países como éste en el que vivimos.
Diego Armario