Decía el refrán que cuando la mula coge el camino, ni palo ni voz que la saque de él. Y en estas estamos: la mula gubernamental ha visto el trigo… y allá que vuelve, con entusiasmo digno de estudio veterinario.
Mientras tanto, el presidente Pedro Sánchez ejerce de equilibrista internacional, pero no sobre cuerda floja, sino sobre alfombra roja… en China, que siempre luce mejor en las fotos que en los contratos. Desde allí, entre reunión y reunión de esas que nadie explica del todo, intenta vender la idea de que España será el puente entre Oriente y Occidente. Vamos, una especie de pasarela geopolítica con peaje ideológico incluido.
Y mientras el puente se construye en PowerPoint, aquí en casa asistimos a un espectáculo coral digno de zarzuela política: ministros y portavoces lanzados en tromba, como si alguien hubiera abierto la compuerta del argumentario oficial. Cada cual sube el tono un poco más, no vaya a ser que el vecino parezca más convincente en el grito.
El blanco favorito, cómo no, el Poder Judicial. Porque cuando las cosas se tuercen, siempre viene bien explicar que el árbitro está comprado. El juez Juan Carlos Peinado ha pasado de ser un desconocido para la mayoría a convertirse en villano oficial de la semana. Una transformación exprés, casi milagrosa, que ni en las series de sobremesa.
Y claro, cuando la tensión sube, aparece el verbo suelto. Ahí tenemos al incombustible Óscar Puente, mitad primario, mitad primate, que no desaprovecha ocasión para aportar su estilo… digamos, directo. Entre acusación y acusación, uno ya no sabe si asiste a un debate institucional o a una tertulia de bar con micrófono abierto. Eso sí, con la elegancia propia de quien confunde contundencia con decibelios.
Por si fuera poco, el relato necesita giros dramáticos. Y nada mejor que un buen ejercicio de escapismo argumental: si algo sale mal, siempre habrá un tercero al que mirar. Que si el 112, que si el clima, que si la alineación de los planetas… Lo importante es que la responsabilidad nunca se quede en casa. Aquí el “yo no he sido” ha evolucionado hasta convertirse en doctrina de Estado. Todo un insulto para las víctimas y afectados.
Mientras tanto, en el mundo real, ese que no cabe en las ruedas de prensa, los jóvenes empiezan a hacer cuentas. Y las cuentas, qué manía tienen, no salen. La promesa de las grandes ciudades como tierra de oportunidades se parece cada vez más a una versión moderna de la fiebre del oro… pero sin oro. Mucho alquiler, mucho café a tres euros y mucha foto en redes, pero emanciparse sigue siendo una especie de deporte extremo con escasez de vivienda.
Y en paralelo, la administración anuncia regularizaciones masivas como quien anuncia rebajas de temporada. Medio millón arriba, medio millón abajo… total, ¿qué son unos cuantos recursos públicos más tensionados? Si ya estamos acostumbrados a estirar el chicle presupuestario hasta que suena a cambio de unos votos cautivos.
Así que aquí seguimos, viendo cómo la mula vuelve al trigo una y otra vez. Da igual que el campo esté seco, que el molino haga ruido o que los vecinos empiecen a sospechar que algo no cuadra. La clave es mantener el paso firme, la mirada alta… y el argumentario bien ensayado.
Porque en este teatro, lo importante no es resolver los problemas.
Lo importante es que, cuando se abra el telón cada mañana, la función continúe.
Y vaya si continúa.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 16/04/2026

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