En la historia de la delincuencia común en España no habíamos conocido ningún caso de secuestro de una organización política centenaria por un solo hombre.
El autor de este ilícito penal ha contado con la colaboración de terceros a los que ha ido situando en puestos claves para garantizase el control político, económico y, en algunos casos judicial del partido.
Su objetivo es permanecer en el gobierno sin convocar elecciones y está consiguiendo la tormenta perfecta que les va a llevar a la desaparición de “La Pesoe” como ya sucedió con el socialismo en italiano o francés.
Como he dicho “la tormenta perfecta”, está a punto de estallar y las víctimas van a ser los votantes fieles y los más fanáticos, que a veces son los mismos, porque los que tienen sentido crítico hace años que se pasaron a la abstención.
Los disidentes que el aniquilador del PSOE ha encontrado en el camino han sido algunos viejos socialistas y otros más jóvenes que, según Pedro Sánchez, son los nuevos fachas que no pueden aguantar la vergüenza que les provoca tanto presunto delincuente con carnet, incluido el faro moral del socialismo, José Luis Rodríguez Zapatero.
A “los creyentes” de una organización que lleva camino de desaparecer por culpa de quienes la han destrozado es posible que les duela esta situación, aunque los más fanáticos se mantienen en contra de lo que les dicta su inteligencia y los hechos.
Tal vez algún día un experto en el control de las masas pueda explicar cómo miles de ciudadanos honrados e inteligentes – aunque no todos – fueron incapaces de ver la estafa que les estaba haciendo el galgo de Paiporta.
Diego Armario