Hay preguntas que llevan siglos atormentando a la humanidad. ¿Existe vida inteligente en otros planetas? ¿Dónde desaparecen los calcetines en la lavadora? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
Y ahora, en la España de 2026, surge una nueva incógnita filosófica que amenaza con desbancar a todas las anteriores: ¿Sánchez creó la cloaca del Estado o fue la cloaca la que creó a Sánchez?
Porque, visto lo visto, la duda es razonable. Así también responderemos la incógnita de si este gobierno se corrompió con el poder, o llegaron ya corrompidos.
Durante años nos dijeron que venían a regenerar la democracia, a limpiar la corrupción y a devolver la dignidad a las instituciones. Lo que no aclararon es que la limpieza consistía en esconder la suciedad debajo de la alfombra. Y cuando la alfombra empezó a abultarse demasiado, decidieron fabricar una más grande.
La diferencia con los viejos escándalos es significativa. Los GAL, aquella chapuza histórica que todavía hoy provoca sonrojo, nacieron, según sus defensores, para combatir a ETA desde la ilegalidad. Una aberración democrática, sin duda. Pero lo que ahora aflora tiene otro aroma mucho más sofisticado, no parece dirigido contra enemigos del Estado, sino contra el propio Estado de
Derecho. Contra jueces incómodos, periodistas molestos, opositores inoportunos y cualquier obstáculo que se interponga entre el poder y su supervivencia.
Como decía aquel refrán: «Piensa el ladrón que todos son de su condición».
Y cuando alguien ve conspiradores en cada esquina, quizá no sea porque existan demasiados conspiradores, sino porque conoce demasiado bien el oficio.
Mientras tanto, para distraer al personal de tanto olor a alcantarilla institucional, aparece una nueva genialidad gubernamental, convertir a los jubilados en autónomos, por si acaso la llegada del Papa, o el mundial de fútbol no es suficiente para distraer la atención.
La ocurrencia merece un lugar destacado en el Museo Nacional de las Ideas Brillantes.
Después de cuarenta o cincuenta años cotizando, pagando impuestos, sobreviviendo a crisis económicas, reformas laborales, subidas de precios y promesas electorales incumplidas, llega la «recompensa»: si quieres complementar tu pensión trabajando unas horas, tendrás el privilegio de volver a darte de alta, pagar cuotas, presentar declaraciones trimestrales de IVA y enfrentarte nuevamente a la burocracia.
Un sueño…
Porque todos sabemos que el mayor deseo de un jubilado de setenta años es pasar las tardes rellenando formularios de Hacienda en lugar de disfrutar de sus nietos.
Y hablando de nietos, muchos de esos pensionistas están sosteniendo con sus ahorros y sus pensiones a hijos y nietos que intentan sobrevivir entre alquileres imposibles, salarios menguantes y facturas crecientes.
Pero parece que eso tampoco es suficiente. Si aún les queda algo de energía, el Estado está dispuesto a aprovecharla.
Al fin y al cabo, cuando una vaca lleva años dando leche, algunos gobernantes concluyen que también debe aprender a poner huevos.
Por eso volvemos a la pregunta inicial.
¿Fue primero el huevo o la gallina?
¿Fue primero Sánchez o la cloaca?
Quizá nunca lo sepamos.
Lo que sí parece evidente es que, a estas alturas, el corral entero empieza a oler demasiado mal como para seguir fingiendo que aquí solo hay un problema de ventilación.
Salva Cerezo