«Cuando el gallo canta, algo anuncia… o algo teme.»
Dicen que cada amanecer tiene su canto de gallo. Unos anuncian la salida del sol; otros, en cambio, parecen anunciar la llegada del juez. Y es que nuestro presidente, en una reciente intervención ante los mayores del Inserso, respondió a quienes se preguntan por qué este Gobierno sigue aferrado al timón pese a las tormentas judiciales, políticas y mediáticas. La respuesta fue tan sencilla como conmovedora, porque quieren hacer una España mejor.
Qué noble propósito.
Aunque algunos malpensados, siempre tan desconfiados, se preguntan si la verdadera motivación no será que abandonar el poder supone dejar atrás ciertas comodidades institucionales y afrontar la vida sin el paraguas protector del Estado. Ya se sabe que fuera hace mucho frío judicial.
Mientras tanto, en los alrededores del gallinero político se escucha cada vez más cacareo. Los que hasta ayer juraban silencio eterno parecen descubrir repentinamente las virtudes terapéuticas de la sinceridad. El fenómeno comenzó con Aldama y su descubrimiento de que cantar puede resultar más saludable que dormir entre rejas. Ahora la afición podría extenderse como una epidemia musical.
La lista de posibles intérpretes es cada vez más larga: unos porque saben demasiado, otros porque estuvieron demasiado cerca y algunos simplemente porque han descubierto que la lealtad política tiene fecha de caducidad cuando aparece una citación judicial a la vista de lo sucedido a Koldo y Ábalos.
Nunca antes el país había tenido tantas posibilidades de organizar un festival de Eurovisión exclusivamente con testigos protegidos.
Y mientras los gallos afinan la garganta, el BOE nos sorprende con otra melodía: un real decreto que permitirá a los nacidos entre 2007 y 2008 optar a un servicio militar voluntario.
Naturalmente se presenta como una oportunidad. Hoy todo es una oportunidad: endeudarse es una oportunidad, pagar más impuestos es una oportunidad y ahora vestir uniforme también es una oportunidad.
Los más críticos sostienen que se trata de otra fórmula para maquillar las cifras del empleo mediante contratación pública. Pero eso sería una visión excesivamente maliciosa. Seguramente la intención es mucho más patriótica: formar una generación capaz de desfilar perfectamente mientras contempla cómo el precio de la vivienda continúa avanzando en formación militar hacia el infinito.
Al fin y al cabo, si no pueden emanciparse, al menos podrán aprender a hacer la cama con precisión castrense.
Así transcurre este curioso momento nacional. Por un lado, un presidente convencido de que sólo él puede conducirnos hacia una España mejor. Por otro, una colección creciente de antiguos compañeros observando las puertas de los juzgados como quien contempla la entrada de un karaoke.
Y mientras tanto, los ciudadanos asistimos al espectáculo preguntándonos si el canto del gallo anuncia el amanecer de una nueva etapa política… o simplemente el comienzo del concurso de quién canta primero.
Porque en política, como en los corrales, el problema nunca es el primer gallo que canta.
El problema suele ser el segundo.Creo que este remate final deja la ironía más afilada, porque sugiere que cuando uno empieza a hablar, otros pueden seguirle rápidamente.
Salva Cerezo