Dicen que las hienas también ríen, pero cualquiera que las haya observado sabe que esa risa no anuncia una fiesta, sino que suele preceder al festín. En política ocurre algo parecido: cuando algunos sonríen demasiado, conviene echar mano de la cartera… o de la conciencia.
Con el tiempo todo pasa. Lo imprescindible acaba sobrando, lo inolvidable termina olvidado y los discursos, como los yogures, llevan fecha de caducidad, aunque algunos pretendan venderlos una y otra vez con el mismo envoltorio.
Este sábado, el Comité Federal del PSOE pareció una reposición televisiva. El presidente Sánchez volvió a interpretar el mismo monólogo que ya había representado en el Congreso, palabra arriba, palabra abajo. Cambiaba el escenario, pero el libreto seguía intacto. Ni una sorpresa, ni un giro argumental, ni un «próximamente». El público militante, disciplinado como un coro de ópera, respondió con una ovación perfectamente sincronizada.
Para evitar que algún verso suelto desafinara, apareció un comunicado de adhesión casi de obligado cumplimiento, respaldando al líder y a Begoña Gómez. La consigna era sencilla: aquí no desafina nadie. Si alguien tenía pensado ejercer el noble deporte de discrepar, ya podía ir buscando otra grada.
Al fin y al cabo, cuando el barco hace aguas, siempre resulta más cómodo discutir sobre el color de las cortinas que reparar la vía de agua.
Mientras tanto, a miles de kilómetros, Venezuela vuelve a demostrar que la desgracia nunca viaja sola. Un país castigado durante años por el expolio de quienes prometieron salvarlo, ahora sufre también el golpe de la naturaleza. Muertos, heridos, familias que lo han perdido todo… Porque, efectivamente, a perro flaco, todo son pulgas. Y cuando el poder falla durante tanto tiempo, hasta la lluvia parece caer con más fuerza.
Quizá por eso conviene recordar que la Historia tiene muy mala memoria para los aplausos, pero una memoria prodigiosa para las consecuencias.
Porque las hienas ríen… sí. Pero nunca porque el paisaje sea hermoso, sino porque han encontrado algo de lo que alimentarse.
Y en política, como en la sabana, conviene distinguir entre quien sonríe por alegría… y quien lo hace porque ya ha olido la presa.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 28/06/2026

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