¿La extrema izquierda no practica el feminismo que predica?
Es interesante que los tres fundadores de Podemos, partido feminista, hayan tenido problemas con el machismo. ¿Paradójico? O no.
Veamos: A Pablo Iglesias le pillaron con ese chat en el que decía que pegaría a Marioló Montero hasta que sangrara. Así como caballeroso, no parece.
Después Iñigo Errejón (Milhouse para los amigos) le cayó una denuncia por agresión sexual de Elisa Mouliaá. Es verdad que el tema es confuso, pero él mismo reconoció en el juicio la contradicción entre el ‘sólo sí es sí’ que defendía políticamente y lo que practicó.
Lo último ha sido lo de Monedero, apartado de la Complutense por un año por acoso sexual a varias alumnas. La Fiscalía archivó la denuncia penal por no apreciar delito, pero calificó su conducta de “improcedente” y “moralmente reprochable”. ¿Es necesario refrescarse en el baño acompañado de una alumna o llamarlas “vacas”?
Podemos ha presumido -¡y sigue presumiendo!- del monopolio moral del feminismo. Pero sus comportamientos distan mucho de esa altura moral; más bien apuntan a una depravación poco edificante.
Ya en el embrión de Podemos del 15M las mujeres que acamparon en la puerta del Sol denunciaron violaciones y tocamientos no consentidos. ¿Tiene la extrema izquierda un problema de machismo? A juzgar por los discursos de sus militantes mujeres, eso parece.
Practican el machismo que rechazan. Pero lo venden de feminismo, lo que lo hace más contradictorio. Y todo ello aderezado con el abuso de poder: el profesor con la alumna, el director de programa con su colaboradora, el presidente del partido con la militante…
La reacción de ellas cuando se les afea el machismo intrínseco es contestar con violencia: “yo lo único que he mamado es ideología”, dijo recientemente Sara Santaolalla.
Peor es cuando ellas mismas esconden al ‘macho alfa’ en sus conductas impropias. El ‘hermana, yo sí te creo’ es para los de enfrente. ¡Lamentable!
Con los propios, siempre es mejor esperar, ser cautos, respetar siempre la presunción de inocencia, no dar crédito a las habladurías, bla, bla, bla. ¿Y la víctima? Mala suerte. El partido, o sea el kiosko, el sustento, la mamandurŕía, está por encima. Idealismo y tal.
Se trata de una izquierda de “performance’, de slogans, pero no de realidad. Confundir poder, impunidad y relato. Y la primera víctima es la más débil. La segunda, la verdad. Los presuntos ideales quedan enterrados en el foso de los intereses más mezquinos.
Quizás algún iluminado pensó que bastaba con proclamarse feminista para evitar el machismo. La realidad es que el espíritu caballero de toda la vida es más eficaz que los clichés ideológicos sin contenido. El abuso de poder y la instrumentalización sexual no se combaten con feminismo sino con caballerosidad y verdadero respeto a la igualdad esencial y a la bendita diferencia entre hombres y mujeres.
Es al revés: la militancia política no protege del abuso, lo protege y camufla. El relato está por encima de la persona, la ideología prima sobre la realidad, la política sobre la víctima. Por eso tratan de esconder o minimizar los hechos. Y cuando es imposible ocultarlo, socializar la culpa: la sociedad es machista.
No. El discurso no les hace virtuosos sino hipócritas. Igual que Zapatero. Afirmar que ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho no es una contradicción; es un insulto.
Predicar feminismo y estar enganchado a las ‘sobrinas’ como Ábalos es repugnante. Condenar el proxenetismo cuando has estado viviendo del negocio de tu suegro como Sánchez es una patada a la realidad.
Y pretender que Podemos es el partido que mejor protege a las mujeres es tanto como afirmar que Bildu es quien más ha hecho por las víctimas de ETA.
Luis Losada Pescador (Actuall.com)