«Lo que es malo para el panal, es malo para la abeja». — Marco Aurelio.
Dicen que el verano es tiempo de descanso. Que el calor invita a la reflexión, a la siesta y al saludable ejercicio de no hacer nada. Debe ser por eso que nuestro presidente ha decidido tomarse las vacaciones muy en serio. Al fin y al cabo, gobernar cansa.
Mucho más cuando el 76% de las medidas prometidas de la legislatura siguen esperando turno, no las voy a nombrar por no alargar el artículo, como los pacientes de una sala de urgencias en agosto.
No deja de tener su mérito. Conseguir que tres de cada cuatro compromisos continúen en el cajón exige una perseverancia digna de mejor causa. Algunos lo llamarían ineficacia; otros, resistencia administrativa.
Yo prefiero pensar que estamos ante una nueva filosofía política: prometer mucho, cumplir poco y anunciar constantemente lo que algún día se hará. Una especie de Netflix gubernamental donde la próxima temporada siempre promete ser mejor que la anterior.
Mientras tanto, Pedro Sánchez disfrutará de unos merecidos días en La Mareta. Y digo merecidos porque sobrevivir a las ruedas de prensa sin preguntas, a los cambios de opinión convertidos en virtudes y a las explicaciones imposibles sobre las múltiples causas judiciales que rodean al Gobierno, merece cuando menos un chapuzón reparador.
Eso sí, nuestro presidente hará un pequeño paréntesis vacacional el próximo 12 de agosto para desplazarse a Guadalajara y contemplar el eclipse solar.
Nada que objetar al noble interés científico del acontecimiento. Los eclipses son fascinantes. Sobre todo para quienes llevamos años observando cómo desaparecen algunas promesas electorales bajo la sombra del poder.
Aunque quizás el mayor eclipse que padecemos los españoles no sea precisamente el astronómico. Es el eclipse de la responsabilidad política. Ese fenómeno extraordinario por el cual los errores siempre son culpa de otros, los aciertos son patrimonio exclusivo del Gobierno y las promesas incumplidas se transforman mágicamente en «medidas en desarrollo».
Naturalmente, el desplazamiento presidencial tiene un alto coste económico que algunos espíritus maliciosos se empeñan en recordar. Son los mismos aguafiestas que piensan que determinados gastos institucionales podrían destinarse a necesidades sociales más urgentes. ¡Qué poca sensibilidad estética tienen algunos con los eclipses!.
Al parecer prefieren contemplar las listas de espera sanitarias, las dificultades para acceder a una vivienda o la situación de nuestros mayores antes que admirar cómo la Luna oculta al Sol durante unos minutos.
Cada cual tiene sus prioridades.
Quizá Marco Aurelio tenía razón cuando afirmaba que lo que es malo para el panal es malo para la abeja. Un Gobierno no deja de ser eso, un panal donde cada abeja debería trabajar por el bien común.
Cuando el panal se resiente por las promesas incumplidas, por el exceso de propaganda y por la ausencia de autocrítica, las abejas, que somos todos los españoles, acabamos pagando las consecuencias.
Que disfruten de las vacaciones quienes puedan permitírselas. Las asignaturas pendientes, por desgracia, no entienden de agosto. Y septiembre siempre llega. También en política.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 29/07/2026

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