Dicen que el verano es tiempo de descanso. Algunos descansan después de trabajar y otros, después de explicarnos lo mucho que trabajan. Tras el habitual discurso de autobombo antes de las vacaciones, nos han ido colando por la puerta trasera del BOE aquello que no cabía por la principal.
Llegan los indultos, porque eso de que la Justicia es igual para todos debe de ser una frase decorativa grabada en mármol. Para unos, el peso de la ley; para otros, la ligereza del decreto.
En Ceuta seguimos descubriendo que nadar es más útil que votar. Quién iba a decir que unos metros de brazada abrirían más puertas que años de esfuerzo. Quizá alguno esté tomando nota por si un día tiene que regresar de sus vacaciones a nado.
Como premio a nuestra infinita paciencia, nos permiten opinar sobre el diseño del billete de un euro. No podemos decidir sobre las cuestiones importantes, pero al menos podremos escoger el dibujo de la propina. ¡Todo un avance democrático!
Mientras tanto, hay quien cambia de abogado con la misma facilidad con la que otros cambian de camisa, con la diferencia de que la camisa la pagamos nosotros.
Y al otro lado del Estrecho, Marruecos construye embalses, autopistas del agua y prepara el Mundial de 2030. Ellos planifican su futuro mientras nosotros seguimos entretenidos con los titulares del día y pagándoles las inversiones.
Al final, lo comido por lo servido. Un verano más en el que algunos nos sirven relatos y otros se comen nuestras ilusiones.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 30/07/2026

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