Hoy hemos sabido que doce ministros viven el lujosos apartamentos céntricos con alquileres irrisorios en plena crisis de falta de vivienda.
Dice mi paisano Pancracio Celdrán que utilizamos esta expresión cuando, para solucionar un gran problema económico, nos dedicamos a recortar los pequeños gastos mientras mantenemos intacto el derroche importante.
La historia viene del Madrid del siglo XVIII. Algunos potentados indianos tenían hasta un loro al que ofrecían chocolate, artículo de lujo por entonces. Cuando llegaba la ruina, se acababa el chocolate del animalito… pero las visitas seguían siendo agasajadas con su correspondiente taza. Había que ahorrar, sí, pero sin que nadie notara la penuria.
Aquello tenía bastante de español: quitarle el chocolate al loro mientras se mantiene la apariencia de abundancia.
Y parece que el loro sigue entre nosotros.
Se habla de austeridad, pero pocas veces se empieza por donde realmente duele. Se anuncian nuevos impuestos, se buscan culpables, se lanzan campañas contra los ricos y se discute hasta el último céntimo del ciudadano… mientras seguimos manteniendo una administración política cada vez más voluminosa, asesores, cargos, privilegios y gastos cuya utilidad resulta, cuando menos, discutible.
Y cuando alguien plantea que quizá habría que revisar el tamaño del festín, siempre aparece la misma solución: quitarle el chocolate al loro.
El problema es que el loro ya no es el problema.
El verdadero problema es una clase política que parece haber confundido gobernar con administrar su propia supervivencia. Y cuando llegan las dificultades, en lugar de revisar el menú completo, se cambia el chocolate por sucedáneo y se anuncia como una gran reforma.
Mientras tanto, el ciudadano sigue pagando la cuenta.
Porque una cosa es ahorrar y otra muy distinta hacer teatro con el ahorro.
Y en España llevamos demasiado tiempo preocupándonos de que el loro no se coma el chocolate mientras algunos siguen celebrando el banquete.
Al final, lo importante no es quitarle el chocolate al loro.
Es preguntarse quién se está comiendo la tarta.
Salva Cerezo