Decimos que alguien nos saca de quicio cuando consigue hacernos perder la paciencia, la calma y hasta las ganas de seguir escuchando. Y la expresión no puede ser más gráfica: el quicio es el punto sobre el que gira una puerta. Si la sacamos de ahí, deja de cumplir su función y acaba, sencillamente, por los suelos.
Pues algo parecido parece estar ocurriendo con la política de vivienda.
Después de una legislatura en la que la paciencia de muchos ciudadanos ha sido puesta a prueba, ahora llegan los decretos troceados, las negociaciones a varias bandas y ese peculiar arte de intentar contentar a todos sin que nadie termine demasiado contento.
Y con la vivienda, más de lo mismo.
Mientras el ciudadano busca desesperadamente un alquiler que pueda pagar o una casa que no le obligue a hipotecar media vida, el Gobierno y sus socios parecen empeñados en discutir quién mueve el quicio, quién tiene la puerta y quién se queda con la llave.
El problema es que, cuando una puerta pierde el quicio, no se abre mejor: se cae.
Y si las soluciones para aumentar la vivienda disponible terminan convirtiéndose en una sucesión de parches, cesiones y decretos de ida y vuelta, corremos el riesgo de conseguir justamente lo contrario de lo que se anuncia, con menos oferta, más incertidumbre y precios todavía más difíciles de asumir.
No sé si lo que estamos viendo responde a una estrategia perfectamente calculada o a una incompetencia perfectamente ejecutada. Eso que lo juzgue cada cual.
Pero hay algo que sí parece claro, cuando gobiernas a base de sacar de quicio a unos, contentar a otros y negociar con los de más allá, llega un momento en que la puerta deja de girar.
Y entonces puede ocurrir lo peor:
que el Gobierno siga teniendo la llave, pero el ciudadano se quede sin puerta.
Porque, como dice esa conocida frase atribuida a Maya Angelou:
«La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir».
Y con la vivienda, de momento, muchos españoles están aprendiendo a sentirse exactamente igual:
fuera de casa.
Salva Cerezo