Buenas tardes:

Centinela de amor

Te puse tras la tapia de mi frente,
para tenerte así mejor guardado,
y te velé, ay, amor diariamente
con bayoneta y casco de soldado.

Te quise tanto, tanto, que la gente,
me señalaba igual que a un apestado;
pero qué feliz era sobre el puente,
de tu amor, oh mi río desbordado.

Un día, me dijiste: – No te quiero…-;
y mi tapia de vidrios y de acero
a tu voz vino al suelo en un escombro.

La saliva en mi boca se hizo nieve,
y me morí como un jacinto breve,
apoyado en la rosa de tu hombro.

Fafael de León