Bien pudiera considerarse que el “desastre del 98” fue el punto de partida de la grave crisis moral y del tangible descrédito de la propia idea de España. A su calor ganaron impulso movimientos políticos adormecidos: separatismos catalán y vasco, anarquismo y su terrorismo asociado; y, por supuesto, el Partido Socialista siempre expectante para erosionar España.
La desazón, la agudeza del dolor que provocó la derrota trajo el regeneracionismo que reclamaba medidas urgentes para superar el atraso respecto a los países europeos.
Reconocidos intelectuales aceptaban sin remilgos, pero, de forma exagerada y subjetiva la leyenda negra: “En un grande y doloroso incendio, habríamos de quemar la España que ha sido” (Ortega y Gasset); para Azaña la historia de España se reducía a un “imperio de mendigos y de frailes, aliñado con miseria y superstición”; Costa, repudiaba las viejas gestas, apostando por “echar doble llave al sepulcro del Cid, para que no vuelva a cabalgar”.
A su vez, el marxista PSOE reducía la historia a un proceso de opresión y explotación, ya fuera feudal o capitalista.
La fobia al pasado se hacía extensiva al presente, a la liberal Restauración, tildándola de “necrocracia”.
Estas manifestaciones tan arbitrarias como extravagantes, animaron, entre otros, a los irredentos e incorregibles socialistas, a cuyo partido por un tiempo se afilió Unamuno.
Ante tales desatinos y excrecencias purulentas del cuerpo de la historia, Menéndez Pelayo puso el contrapunto declarando: “el lento suicidio de un pueblo que, engañado por gárrulos sofistas hace espantosa liquidación de su pasado…Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura e historia sin caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil”
Todos los elementos disgregadores que dio a luz el “desastre del 98”, y en especial el PSOE, comenzaron a explotar el éxito y a poner en marcha los mecanismos revolucionarios que habían de conducirnos a la II República y al Frente Popular, origen y causa de la Guerra Civil.
Mayo de 1932, debate acalorado sobre el Estatuto de Cataluña, triunfal discurso de Azaña defendiendo su aprobación; Prieto se oponía, los socialistas vacilaban, pues la idea de la “confederación republicana de nacionalidades” aprobada en el XI Congreso de 1918 estaba vigente, tanto que en la actualidad siguen persistiendo en la misma idea.
El malestar por el estatuto catalán, la incertidumbre sobre la reforma agraria, el deterioro del orden público y la agitación antimilitar obligaron a Lerroux a decir “que el poder se reclama cuando se cree que el que lo ocupa no puede continuar sin grave daño para el país”.
Un mes después se produjo el golpe del general Sanjurjo. No prosperó, el gobierno estaba advertido. El fracaso de la República empezaba a intuirse desde posiciones políticas leales a España.
¿Qué no tendría que suceder en Junio de 2025 para que los ejércitos, se mostraran fieles cumplidores de sus obligaciones constitucionales, exhibieran de algún modo, aunque sólo fuera un leve guiño, un ademán, un gesto de vida propia?
Azaña, refiriéndose a los diputados decía: “No saben qué decir, no saben argumentar. No se ha visto más notable encarnación de la necedad”
Son bulos, bulos y nada más que bulos. Es el fango, la oposición es una máquina del fango, fango, todo es fango.
Lector, le ruego que vuelva a leer el párrafo anterior. Creo que convendrá conmigo en que estos son los argumentos marxistas, y por tanto, “científicos” de esta canalla disgregadora, lúdico-hedonista y corrupta.
¿Tendremos que resignarnos a que España sea presa de esta política tabernaria, de golfos y ladronazos, de incompetentes e incapacitados, de amigachos, de inmorales codiciosos de botín y prebendas, de chusma infecta con marchamo socialista?
Besteiro, contrapeso de las atrocidades socialistas en la República, en Agosto de 1933 desechaba la pretendida amenaza fascista, despreciando la dictadura del proletariado, a la que calificaba de “vana ilusión infantil, que se paga demasiado cara, pues al final es el pueblo el que cosecha los engaños y el sufrimiento”
¿De qué modo se podrá convencer a los electores y simpatizantes socialistas para que entren en un proceso personal de reflexión, y eviten acudir a las urnas para emitir su voto a favor del enfermo de la Moncloa y a su banda delincuencial?
La historia, siempre y cuando no se escriba desde el socialismo, es una fuente de conocimiento, de debate y de formación ciudadana, Largo Caballero, recordado con una estatua en los Nuevos Ministerios de Madrid, difundía la semilla revolucionaria: “La lucha ha quedado planteada entre marxistas y antimarxistas, y eso nos llevará inexorablemente a una situación violenta”, “estamos en guerra civil, que por ahora no ha tomado caracteres cruentos que, por desgracia, tendrá que tomar”.
He aquí, un Nostradamus criminal que no se equivocó.
De nuevo Besteiro en un intento de contrarrestar a la horda revolucionaria, manifestaba: La prensa del partido envenena a los trabajadores par llevarlos a los molinos del comunismo, por ese camino de locuras a la clase trabajadora se la lleva al desastre, a la ruina y en último extremo al deshonor”
El cinismo y la mentira tan consustanciales al socialismo criminal, quedaba de manifiesto en Junio de 1933, cuando, el mismo Largo explicaba ante los delegados hispanoamericanos de la OIT, lo inviable de un fascismo en España. En el mismo sentido se expresaba Araquistáin, ideólogo socialista, en una revista americana, en Abril de 1934.
Siempre han buscado la polarización de las masas, intoxicándolas con un imaginario peligro par arrastrarlas a cualquiera que sean los bastardos objetivos fratricidas del PSOE.
Desgraciadamente, así como en el año 36 quedó arrasada la República por el Frente Popular con dos golpes mortales-el primero al estilo comunista, insurreccional, el segundo, al modo nazi, es decir, utilizando formas pseudolegales para destruir el régimen,-volvemos en la actualidad a libar el néctar envenenado de los socialistas españoles, que transformaran el Estado de Derecho, la democracia liberal, la integridad territorial de España y la Constitución del 78 en papel mojado, en algo que nunca debió de existir.
Todo lo que viene sucediendo en España desde el maldito y “execrable” Zapatero, hasta el traidor y enfermo Sánchez, es una grotesca y trágica patraña envueltas en papel de celofán, confeccionado con la tradicional verborrea hueca y grandilocuente, y aliñada con fingimientos y afectaciones de indignidad moral y falsa superioridad política.
La farsa y la mentira son las señas de identidad constantes, permanentes e incansables del llamado socialismo del siglo XXI, adaptable, camaleónico, socialismo “mil leches”, cuyo único objetivo en permanecer en el poder a toda costa.
Sánchez nos obliga a recordar las palabras de Gil-Robles: “Una masa considerable de la opinión, que es por lo menos la mitad de la Nación, no se resigna implacablemente a morir. Si no puede defenderse por un camino, se defenderá por otro”
El regeneracionismo, heterogénea corriente ideológica que, reflexiona sobre la Nación española e intenta poner remedio a la decadencia de España, fue la excusa, el trampolín del PSOE para comenzar a hacerse notar en la política nacional; bien podría decirse, a la vista de su biografía, que constituyó el momento en que inició su batalla contra España, instante en que determinó que “nada nos fuera común a los españoles”
La Transición española trajo la práctica desaparición de los odios sociales y políticos; pero, ¡cómo no! Los príncipes socialistas de las últimas décadas vinieron a “desfacer los entuertos” de la paz social y de la convivencia entre españoles.
¡Cien años de honradez!, clamaban los socialistas cuando emprendieron su andadura, una vez que el general había desaparecido, pues, mientras vivía, estuvieron de vacaciones.
Como tantas otras cosas, el resultado está a la vista, corrupción generalizada, es inútil retirar las manzanas podridas de la cesta socialista, toda la cesta está podrida.
¡Y eso que vinieron a servir!
¿Quién va a ser capaz de ponerle la camisa de fuerza al sanchismo?
Todo esto es una locura degradante y humillante.
De todo esto, y lo que queda por venir, creo que lo fundamental es tener la convicción absoluta de que España superará la corrupción de la banda de Sánchez, pero, no llegará a rehacerse jamás cuando el enfermo de la Moncloa cumpla su objetivo final, que no es otro, que la liquidación de España tal y como la conocemos.
Antonio Cebollero del Mazo (ÑTV España)