La flotilla internacional rumbo a Gaza ha acabado como era previsible, interceptada por Israel y con los activistas detenidos. Lo sorprendente no es el desenlace, sino la coreografía del fracaso. Porque aquí, como en toda buena tragicomedia, lo importante no es el resultado, sino cómo se vende el espectáculo.
Los activistas, por supuesto, ya han ganado. No con víveres ni medicinas entregadas, sino con el trofeo más codiciado de nuestro tiempo, la foto heroica de “yo estuve allí, desafiando al malvado imperio”. Un álbum de selfies revolucionarios que dará para tertulias, entrevistas y algún que otro libro subvencionado, haciendo que ardan las calles con manifestaciones en todo el planeta.
¿Y quién pierde? Pues Sánchez, que esperaba con ansia la carnaza perfecta para su campaña. Si la flotilla hubiera terminado en tragedia, tendría su argumento dorado para la próxima gala electoral, el relato de la “valentía humanitaria” frente a la barbarie. Pero no, Israel no le hizo el favor. Así que toca esperar al próximo barco, a ver si hay más suerte. Lo siento, Pedro, la épica se pospone.
Mientras tanto, el dinero público ha costeado esta excursión internacional con menos utilidad que una sombrilla en Siberia. Porque la verdadera amenaza, esa que tiene nombre y apellido en el Este de Europa, sigue avanzando mientras aquí jugamos a los barquitos solidarios.
Y como guinda, Sumar propone que la fragata Furor hubiera escoltado a la flotilla hasta Gaza. Una idea fantástica si lo que se busca es recrear la Tercera Guerra Mundial en directo por streaming.
¿Qué podría salir mal?
final, la moraleja es la de siempre: los gobernantes piensan en el corto plazo, en su titular, en su meme electoral. La ayuda humanitaria, los conflictos reales y la seguridad internacional son solo atrezzo en este circo.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 03/10/2025

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