Dicen que cuando el río suena, agua lleva… pero en política española, cuando suena la sirena, igual no hay incendio… sino campaña.
Llevamos días escuchando susurros institucionales, advertencias con tono grave y miradas de “esto es serio” sobre un posible estado de alarma. Ese concepto que ya conocemos bien, esa especie de botón rojo que, una vez pulsado, lo cambia todo… menos a quien lo pulsa.
Porque claro, en estado de alarma no se pueden convocar elecciones, según dicta la Constitución. Y ahí es donde la cosa deja de oler a prevención… y empieza a oler a estrategia con colonia de despacho oficial.
Uno se imagina la escena, una reunión de urgencia, caras tensas, informes encima de la mesa… y de fondo, una pregunta flotando en el ambiente:
—“¿Y si en lugar de apagar el fuego… aprovechamos el humo?”
Y es que esto no es nuevo. En este país hemos perfeccionado el arte de convertir lo excepcional en rutina y lo urgente en conveniente. Lo que antes era una medida extrema, ahora parece una herramienta más del maletín político. Como quien lleva un paraguas por si llueve… o por si le conviene que llueva.
El argumento oficial, por supuesto, será impecable, seguridad, estabilidad, responsabilidad… palabras grandes, muy grandes. Tan grandes que a veces tapan otras más pequeñas, como “oportunidad”, “control” o “tiempo”.
Porque al final, de eso se trata, de tiempo. Tiempo para recomponer, para resistir, para reorganizar el tablero sin pasar por las urnas. Que son muy incómodas cuando no garantizan el resultado.
Mientras tanto, el ciudadano asiste al espectáculo con esa mezcla tan nuestra de resignación y sorna. Porque ya hemos aprendido que aquí todo puede ser urgente… justo en el momento más oportuno.
Y así, entre avisos, declaraciones y posibles escenarios, uno no puede evitar preguntarse:
¿Estamos ante una situación excepcional… o ante una jugada maestra?
Porque en política, como en el mus, no siempre gana el que tiene mejores cartas… sino el que mejor sabe cuándo echar órdago.
Y si algo nos ha enseñado esta partida es que, cuando el poder está en juego, algunos no dudan en cambiar las reglas… o directamente en guardar la baraja.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 23/03/2026

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