Existe una máxima incuestionable en cualquier investigación seria: «para conocer el delito, sigue el rastro del dinero». No falla. El problema surge cuando sigues el rastro… y el dinero vuela en Falcon.
Porque mientras al ciudadano medio se le examina hasta el último céntimo, se le penaliza por un descuido administrativo o se le recuerda, con tono paternal, que “Hacienda somos todos”, hay aviones oficiales que despegan rumbo a Suiza como quien va a por pan. Veintidós viajes sin justificar, nueve millones de euros en catering y combustible, y una transparencia tan opaca que ni con linterna y lupa.
Lo grave no es solo el gasto —que ya es escandaloso—, sino la normalización del silencio. Aquí no pasa nada. Nadie dimite. Nadie explica. Nadie se sonroja. Y el contribuyente, que financia el menú y el queroseno, solo recibe el clásico “no consta”.
Mientras tanto, la Justicia belga embarga 482,4 millones de euros de España en Eurocontrol por impago de laudos relacionados con las renovables. Una cifra que no sale de la nada, sino que se exprime de nuestros bolsillos. Pero eso sí, a nosotros se nos exige puntualidad suiza para cumplir con impuestos, tasas y recargos. Curiosa ironía, impagamos fuera y moralizamos dentro.
Y si bajamos del cielo al suelo, la escena no mejora. Ministros que cobran 29.000 euros en ayudas a la vivienda libres de impuestos mientras disfrutan de casa ministerial. Es decir, ayuda para pagar una vivienda… que no necesitan. Un concepto de solidaridad tan creativo que ni el surrealismo lo habría imaginado.
Luego se preguntan por qué la juventud no accede a una vivienda. Quizá porque quienes legislan sobre el problema viven en una burbuja subvencionada, lejos del alquiler, la hipoteca y la incertidumbre.
Resulta difícil que entiendan a un joven que comparte piso con tres desconocidos, trabaja en precario y ahorra para una entrada imposible, cuando ellos confunden la vivienda con un complemento salarial. No es desconexión: es otra liga.
Y así seguimos, pagando impuestos no para mejorar servicios, sino para engrasar una maquinaria política que se ha olvidado de rendir cuentas. Nos dicen que todo es por el bien común, pero el bien común siempre viaja en turista… mientras otros vuelan en Falcon.
Quizá algún día nos expliquen dónde va exactamente nuestro dinero. Aunque, visto lo visto, lo más honesto sería cambiar el lema:
“Hacienda somos todos… pero algunos más que otros, o si no que se lo pregunten a Oriol Junqueras.” Y por último ese otro viejo refrán de: «Quien parte y reparte, se lleva la mejor parte».
Salva Cerezo.