Desgraciado es un término que, por sus diferentes acepciones, está siendo protagonista de numerosas conversaciones. Es un término que, según la Real Academia de la Lengua Española, se utiliza tanto como sustantivo como adjetivo.
Se considera desgraciado un acontecimiento que hace a otros desgraciados o también una persona que perjudica a otras. También se emplea como consecuencia de adversidades (caer en desgracia) o como situación en la que no se encuentra motivo más que para el lamento y la tristeza.
Se estima que alrededor de medio millón de españoles se han visto afectados directa o indirectamente por el desastre causado por la riada de la región de Valencia y aledaños. Han sido víctimas de una desgracia, con daños cuantiosos personales y materiales, y se les considera en ese sentido desgraciados como sujetos pasivos de algo que no han hecho nada para merecerlo. Pero también es un desgraciado el que ha provocado una desgracia, más en sentido de reproche o insulto. Resulta, pues, paradójico que tanto el causante como la víctima sean tributarios del mismo término.
Pero quiero referirme aquí a un sentido de esta palabra que no se recoge en las acepciones del diccionario y que hace alusión a quien ha perdido o nunca tuvo la gracia. Tenemos que irnos a la acepción número 14 del diccionario de la palabra «gracia» para encontrar el sentido de lo que aludo: «En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación».
Decir que el responsable político que se inhibió de actuar cuando debía lo convierte en un desgraciado, va más allá de considerarlo un malnacido: es un ser que no goza del beneplácito divino, alguien a quien Dios no puede contemplar con agrado. Y eso es grave. La mirada de Dios con sus criaturas es amable y especialmente cariñosa con los que sufren.
Pero la ira de Dios se enciende contra los que atentan contra su creación. Los falsarios, embusteros, mentirosos, codiciosos, envidiosos…. no heredarán el cielo.
El tiempo del arrepentimiento se acaba. Las criaturas van a ser llamadas a cuentas. Y quien ha basado su poder en el temor y en la angustia, quien se ha hecho respetar y ha basado su autoridad en el miedo y la violencia, muy pronto será acuchillado por quienes le rodean.
Porque al que teme mucha gente, tiene mucha gente a la que temer: individuos como Marlaska, Margarita o Sánchez se han rodeado de aduladores que están deseando asestarles, cual Bruto, una puñalada, no solo por lo que han perdido en Valencia (que también) sino porque la infamia tiene un límite.
El pueblo salva al pueblo de sus tiranos, los tiranos son desgraciados y acaban mal, caen en desgracia. Acaso siempre despreciaron la gracia.
Doctor Luis M. de Benito (ÑTV España)