Dicen que la política es el arte de lo posible, pero en España parece más bien el arte del postureo.
Nuestro presidente, siempre tan puntual cuando se trata de inaugurar estatuas o cortar cintas, ha necesitado dos semanas de meditación trascendental para aterrizar en las zonas arrasadas por el fuego. Dos semanas en las que sus voceros oficiales ya habían hecho el tour del desastre exigiendo a los presidentes autonómicos su asistencia, como si fueran influencers de catástrofes.
Y cuando por fin llega, lo hace en plan héroe de acción, aterrizando en un Super Puma. Eso sí, con toda la solemnidad del que acaba de descubrir América, declara ante los micrófonos que “no hay helicópteros para apagar el fuego”. Claro, porque todos estaban ocupados llevándole a él.
Lo más humano hubiera sido acercarse a los vecinos, darles la mano, escuchar su dolor. Pero claro, ya se sabe que tras lo ocurrido en Paiporta, donde casi sale en sprint olímpico, lo de las visitas improvisadas no entra en la agenda. Mucho mejor la foto, el plasma y el helicóptero con aire acondicionado.
Mientras tanto, los bomberos, los verdaderos héroes, se alimentan con bocadillos que ni a un cerdo en huelga de hambre le servirían de tentempié. Pero no pasa nada, porque el presupuesto se fue en asesores, en propaganda y en gasolina para el Puma presidencial y catering de La Mareta.
Y para rematar la función, la guinda del pastel, el transporte desde Galicia a Madrid cortado, con los ciudadanos pagando hasta cuatro veces más por un billete de avión. Eso sí, el presidente vuela gratis, y en helicóptero de lujo.
El resultado es claro: mientras la gente se quema por dentro y por fuera, la clase política sigue jugando al Monopoly con nuestros impuestos. Ellos ponen la ostentación; nosotros, la miseria.
Salva Cerezo.

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 20/08/2025

Etiquetado en:

,