Lo mejor que tiene el partido de Pedro Sánchez es la lealtad de los fanáticos. Sus militantes, incluso los más críticos, no soportan que nadie señale sus vergüenzas y se revuelven contra la historia para exigir que se les reconozca que son el segundo partido político corrupto de España desde su fundación hasta nuestros días.
Se sienten orgullosos de su historial y como no pueden negar las evidencias se consuelan diciendo que los del PP han sido peor que ellos, como si eso fuera un consuelo que borrase el historial de delincuencia de sus siglas.
Los miserables que amnistían protegen a sus corruptos premium con la ayuda de Conde Pumpido representan la catadura moral de una organización centenaria que ha logrado que la justicia la reconozca como una organización criminal.
Me repugnan los golfos del PP y los ladrones del PSOE, pero, como diría Jordi Pujol : “Hoy sí toca” y el escándalo de este momento es el de los cuatro del Peugeot .
La historia de la corrupción del Psoe es especialmente cutre y va en su adn desde el escándalo de Juan Guerra a los ERES de Andalucía, pasando por Urralburu en Navarra a Luis Roldán en la Guardia Civil, o a los hechos milagrosos de enriquecimiento exponencial de dirigentes como José Bono, Zapatero, la mujer del Presidente Sánchez que merece un artículo aparte, y algún otro personaje que no tengo acreditado pero que es socio de ellos, y guardan en paraísos fiscales cientos de millones de euros.
La carrera política en España permite a cualquier hombre o mujer, muchos de ellos sin estudios ni experiencia previa laboral, convertirse en ciudadanos privilegiados no solo por su sueldo y ventajas sino también por la irresponsabilidad de sus decisiones amparadas por la organización.
Muchos son honrados pero un buen montón son unos golfos y bastaría recordar los nombres y el currículo de gente que han visto la corrupción desde cerca y se han callado.
Lo mejor de la sociedad no está en la política y menos aún en los sindicatos. Está en la gente que madruga y trabaja en cualquier oficio o profesión, y si alguien roba y lo pillan, lo juzgan y va a la trena si se demuestra su delito, no algunos los políticos en activo que están protegidos frente al delito.
En España comportarse como un ciudadano normal es un mérito cívico y un síntoma de salud mental, pero gracias al espectáculo que algunos ministros y dirigentes del Psoe están dando estos días, resulta relativamente fácil identificarlos quiénes son las locas del coño y los tontos de los cojones que ostentan poder institucional.
Podría haber utilizado otro calificativo que no hiriese la sensibilidad de mis lectores, pero estamos viviendo un momento tan crítico que utilizar un lenguaje académico no serviría para identificar a las personas aludidas.
La bomba que le ha explotado a la altura de sus partes blandas al Presidente del gobierno ha descolocado al equipo de opinión sincronizada y alguno de ellos se ha apresurado a desmarcarse de las consignas de Moncloa, pero los que cobran directamente siguen protegiéndolos.
No recuerdo en la historia de la corrupción de los políticos ningún momento como el actual en el que periodistas comprados y por lo tanto corruptos, hayan sostenido la defensa de los delincuentes como sucede hoy.
Diego Armario