Otra vez, la historia se repite como una tragicomedia, Estados Unidos ataca objetivos en Irán y el mundo contiene la respiración… o lo intenta entre tanto gas lacrimógeno informativo. Según las fuentes oficiales, todo ha sido quirúrgico, quirúrgico como una operación con motosierra en un hospital de campaña.
Pero tranquilos, dicen desde Washington: todo por la paz, la libertad y, por supuesto, la estabilidad internacional (versión 12.0, parche Irak actualizado).
Mientras los misiles surcan el cielo persa con la misma naturalidad con la que Elon Musk lanza satélites, Europa, con su habitual papel de florero asustado, pide «soluciones diplomáticas». Macron hace declaraciones de perfil bajo, Alemania convoca reuniones que no sirven de nada y en España… bueno, en España el ministro de Exteriores ha declarado que hay que “apostar por el diálogo” mientras repasa el guion que le mandó Bruselas por fax.
Y es que cada vez que Estados Unidos juega a «corregir el eje del mal», el mundo se convierte en un campo de pruebas de lo que no hay que hacer. Ya lo vimos en Irak: armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, pero que sí destruyeron países enteros, exportaron terrorismo y desestabilizaron tres generaciones de la región. Pero, eso sí, todo fue por la libertad… y por el petróleo, aunque eso venía en la letra pequeña.
Ahora, el cuento es el plan nuclear iraní. Que si lo están acelerando, que si lo están ocultando, que si la inteligencia lo sabe. Lo curioso es que la inteligencia de inteligencia, cada vez parece más… bueno, llamémosla interesada. Porque uno no puede evitar preguntarse, si se tratara de desmantelar programas nucleares peligrosos, ¿por qué no empezaron por Corea del Norte? ¿O por las propias ojivas que guardan bajo tierra en Nevada?
Y mientras tanto, los analistas se dividen entre los que creen que esto es una guerra contenida, tipo «a ti te bombardeo un poquito y tú me hackeas una central eléctrica» y los que ven un polvorín a punto de explotar con atentados, represalias, y más discursos de líderes que fingen sorpresa ante el caos que ayudaron a sembrar.
Porque sí, claro que peligra la paz mundial. Siempre que se tocan los hilos de Oriente Medio, los temblores llegan hasta el último aeropuerto europeo. Pero como siempre, la población civil será la que sufra: iraníes que no tienen culpa de nada, soldados enviados por contratos, refugiados en masa y ciudadanos del mundo atrapados entre la hipocresía geopolítica y los intereses energéticos disfrazados de moral internacional.
Eso sí, si todo se desmadra, ya sabemos lo que viene… un minuto de silencio en el Parlamento, declaraciones solemnes, algún “Je suis lo que toque”, más vigilancia en aeropuertos… y luego, vuelta al negocio usual.
Así que no, no estamos al borde de una Tercera Guerra Mundial. Estamos dentro del mismo ciclo de cinismo bélico de siempre. Solo que esta vez, los drones tienen mejor resolución, y los comunicados oficiales vienen con emojis de paloma.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 23/06/2025

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