…Y los viajeros ni se dan cuenta mientras cantan: “Que buenos son, que buenos son los padres agustinos que buenos son que nos llevan de excursión”.
El autobús lleva 7 años sin pasar la ITV y las carreteras por las que circula llevan otro tanto sin conservación, pero no le importa al conductor; un conductor que, además de conducir como un loco, se lo permiten los guardianes de la ley, una ley pervertida porque ha sido redactada en función de los intereses que le exigen los que con sus votos le mantienen sentado frente al volante, pero sin agarrarlo.
Cuando alguien bien intencionado le advierte del peligro que se cierne sobre el autobús y sus ocupantes, el conductor mira hacia otro lado rumiando que lo importante es que él se mantenga bien sentado en el asiento del conductor, aunque no conduzca.
En las últimas semanas el autobús está dando señales de no funcionar bien. Se le nota el nulo mantenimiento en lo primordial de todo vehículo automóvil, y esto tampoco hace que el conductor haga nada salvo todo lo necesario para que nadie ocupe su lugar en la conducción. A pesar de que ni siquiera se molesta en agarrar el volante.
Como los socios que le sostienen en su puesto de conductor empiezan a inquietarse por el estado del autobús ya que, si sufre un accidente, también ellos – a pesar de que el autobús les importa una mierda – pueden sufrir sus consecuencias.
Así que empiezan a cuestionarle un poquito, solo lo necesario para que les aumente las sinecuras de que disfrutan, pero sin ni si quiera pensar en sustituirle. Y así el renqueante autobús que es España transita por las no fiables carreteras emitiendo quejidos que nacen de su chasis y de su motor, en busca del final del trayecto que, si esto sigue así, será enfrentarse a un precipicio.
Y puede uno muy bien preguntarse qué piensan los viajeros ante semejante situación de verdadera alarma. Y miramos a los ciudadanos que siguen cantando “Que buenos son…” pero ahora refrescando sus gaznates con unas cervezas frías que el conductor ha ordenado se les dé con cargo, naturalmente, a los presupuestos que salen de los bolsillos de quienes viajan ajenos a su suerte cantando a voz en grito y trasegando la cerveza que ¡ignorantes! creen que les ha regalado el conductor hasta que en junio y en la declaración de la renta esas cervezas sean consideradas “ingreso en especie”
También podríamos comparar a España con una casa de putas en la que la madame responde al nombre de gobierno y en la que sus ministros explotan de forma continuada a unas pupilas llamadas decencia, honestidad, justicia y verdad. Pero desgraciadamente para España y al igual que con el autobús, los ciudadanos están en lo que están: cosas banales, superfluas y vacías y en la creencia estúpida de que las cosas se arreglaran por si solas, sin ser conscientes de que, en algunos casos, no se arreglan ni queriendo.
“Que buenos son, que buenos son los padres agustinos; que buenos son que nos llevan de excursión”.
Manuel del Rosal Garcia (ÑTV España)