Pedro Sánchez dice que quiere luchar contra el odio e imagino que lo hace para eliminar toda competencia, pero en cualquier caso hay que reconocerle su osadía o desvergüenza a la hora de querer aparecer como un referente ético.
Estamos viviendo unos tiempos en los que la sociedad está más dividida y la posibilidad de que cualquier tonto a las tres diga o escriba algo ofensivo es una tarea fácil, pero los que generan más odio son algunos políticos y sus mamporreros mediáticos.
Sostengo que el odio tiene que ver con una deficiente salud mental que solo perjudica a los que lo practican, incluso contra mujeres y hombres los que no conocen y no les han hecho ningún mal.
Me viene a la memoria un tiempo en el que nos llevábamos bien con la gente más variada con la que coincidíamos y nadie le preguntaba a nadie de qué pie cojeaba a la hora de compartir charla, comida o cama. Era otra generación más liberal, solidaria, tolerante e inteligente, aunque para decir verdad no todos, porque algunos jóvenes de entonces y viejos de ahora chapotean el odio que les ha llevado a estar cada peor.
Luchar contra el odio es algo parecido a pelear contra los molinos de viento, porque a veces solo existe en la cabeza enferma de los fanáticos.
El odio no es una pasión común ni generalizada, porque está en la cabeza de enfermos que necesitan echarle la culpa de sus miserias a los demás.
Yo no sé lo que es el odio. Nunca he tenido ese sentimiento. Me ha podido caer más o menos simpática una mujer o un hombre pero nunca he deseado el mal a nadie y por eso estoy sano y soy optimista.
Sensu contrario la gente que odia está enferma y se les nota en el rictus de su mirada.
Como decía Raúl del Pozo ¡Viva el vino!
Diego Armario