Los dicasterios de Doctrina de la Fe y de Educación y Cultura de la Santa Sede han emitido esta semana el documento ‘antiqua et nova’ en donde analizan los efectos de la inteligencia artificial en el mundo de la educación, la familia, las relaciones sociales y la política.

La Santa Sede recuerda que la inteligencia artificial es fruto de la inteligencia humana, no un sustituto ni menos una mejora. Entre otras cosas porque carece de las dimensiones “creativas, espirituales y morales” que sólo el hombre puede tener. Sólo el hombre es capaz de la locura de dar la vida por otro. Y sólo el hombre tiene “sorprendentes intuiciones” que nos permiten progresar como humanidad.

La IA puede tener enormes habilidades cognitivas y producir increíbles logros tecnológicos pero será incapaz de entender la Misericordia o la fraternidad.

Por eso debe de estar siempre supervisada por el hombre para que no se vuelva inhumana. Frente a lo que el Papa califica como “paradigma tecnocrático”, Francisco apela a la “sabiduría del corazón”.

En Educación, por ejemplo, la IA es capaz de almacenar y transmitir más información que cualquier maestro, pero es incapaz de generar una comunidad académica entre profesor y alumno. No digamos nada en la familia. La IA es capaz de tomar decisiones de gestión inteligentes y eficientes pero es incapaz de generar un entorno seguro donde pase lo que sea seremos aceptados como somos.

En el ámbito político existe el riesgo de que los gobiernos auditen el ‘big data’ de nuestro comportamiento con vigilancia universal y traten de manipular y dirigir a los ciudadanos ideológicamente incluso censurando información, cancelando mensajes y dirigiendo elecciones…

Incluso el documento de la Santa Sede habla del riesgo de la guerra, de drones-soldado programados para matar.

Echo de menos -sin embargo- una visión optimista en el documento sobre las oportunidades de la IA. Nos ayuda a trabajar de manera más eficiente reduciendo las tareas más repetitivas y burocráticas para centrarnos en las más creativas.

Nos permite introducir la tecnología en la Educación de manera que un tutor humano puede ayudar a descubrir la realidad de una manera más accesible y probablemente más atractiva. Y en el mundo de la Sanidad, la adecuada gestión de ‘big data’ con criterio inteligente (programado por hombres) puede acelerar la investigación contra enfermedades como el cáncer.

Una revisión de algunos términos nos pueden dar una idea del sesgo del documento. Ahí van: en el documento del Vaticano la palabra reto aparece citada 2 veces; riesgos, 5; posibilidades, 6; oportunidades, 3. Sin embargo, desafíos, 13; ético, 8 y ética, 28.

Es obvio que la IA presenta riesgos importantes. Pero también es verdad que nos abre oportunidades apasionantes. Como toda obra humana es moralmente neutra: depende de cómo la utilicemos. Si aprovechamos la ola tecnológica para mejorar nuestra productividad empresarial y nuestro conocimiento científico en orden al Bien Común, podremos construir un mundo mejor. Si aprovechamos la revolución tecnológica para abusar del otro e imponernos sobre los demás estaremos construyendo un infierno.

Exactamente lo mismo que pasa con el dinero, pero con una potencia infinitamente mayor. Ese es el reto humano que tenemos por delante. El mundo es de Dios y Dios se lo alquila a los valientes. Y la IA es del hombre y para el hombre, para todos los hombres y para el bien de todo el hombre, el físico, el moral y el espiritual.

Lus Losada Pescador (Actuall.com)

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Política,

Última Actualización: 02/02/2025

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