Tras dominar el ajedrez, las finanzas y el arte de responder correos pasivo-agresivos, la Inteligencia Artificial ha dado el siguiente paso lógico: postularse al Congreso. Y no, no lo hace por ambición. Lo hace porque, simplemente, ya no puede más viendo el nivel de los que están dentro.
Dicen que fue una IA conversacional quien dio el primer paso. Después de analizar 40 años de discursos políticos y detectar un patrón claro de contradicción, evasivas y promesas no cumplidas, llegó a una conclusión demoledora:
“Puedo hacerlo igual… pero sin mentir tanto.”
Las primeras propuestas ya han dejado boquiabiertos a propios y extraños.
La IA candidata sugiere leyes sin letra pequeña, presupuestos que cuadran y debates que no se convierten en griterío de bar.
Un periodista le preguntó si pactaría con partidos opuestos. La respuesta fue tajante:
—“Evaluaré cada propuesta según datos, no por quién la presenta.”
Hubo desmayos en la bancada.
Los partidos tradicionales, en estado de shock, han convocado una reunión de emergencia para decidir cómo frenar esta amenaza robótica.
—“Nos sustituirá a todos…”
—“No, a ti primero, que ni el Excel sabes abrir.”
Los votantes, mientras tanto, están divididos:
—“Yo prefiero un político con emociones.”
—“¿Emociones? ¿Como la ira, la soberbia y la codicia?”
—“Ah… pues igual voto al algoritmo.”
La IA, que ya tiene nombre propio –Política IA–, no se deja intimidar. Su lema de campaña:
“Transparencia, coherencia y cero sobres en B.”
Sus actos públicos se celebran sin carpas ni bocadillos, porque, como afirma su portavoz digital:
“El populismo no entra en mi código fuente.”
Y aunque aún no puede besar bebés ni hacerse selfies, ha conquistado a muchos con una simple promesa:
“No tengo ego, no tengo cuñados, y no necesito un escaño para vivir del cuento.”
Algunos nostálgicos aún se resisten. Pero incluso ellos reconocen que una IA jamás gritaría “¡y tú más!” en sede parlamentaria.
Y como decía aquel viejo proverbio actualizado:
“Mejor gobernado por una máquina que por quien necesita una para pensar.”
Salva Cerezo