El fichaje de la estrella del corazón Belén Esteban y la periodista María Patiño para Las Tardes de La 1 es inminente y supondrá, si no se evita, la apuesta de la televisión pública por formatos caducos y afortunadamente superados.
La decisión confirmaría una ‘salvamización’ de RTVE que no justifica el enorme caudal de fondos públicos que recibe el ente. Desde que Mediaset diera por terminado el programa de Jorge Javier Vázquez, y gracias al concurso del actual presidente y antiguo jefe de contenidos, José Pablo López, la parrilla de la televisión pública se ha ido trufando con los colaboradores de aquel espacio.
Están muy ligados a una temática y una forma de hacer televisión incompatible con la excelencia que se espera de un organismo pagado con el dinero de todos los ciudadanos. Desde 2023 se ha ido produciendo un goteo de estrellas de aquellos platós en los que se desplegó en todas sus formas lo que se ha conocido desde los años noventa como telebasura y en los que participó con enorme comodidad el presidente del Gobierno.
Son continuadores de un estilo que tiene más que ver con la frivolidad que con la información, la formación y el entretenimiento y no se enmarcan en la excelencia que se espera de un medio público, ni tampoco en la herencia de programas de calidad que han jalonado la historia de RTVE.
La insostenible situación económica de la empresa, que acumula pérdidas de más de 400 millones de euros, también contrasta con decisiones que implican desembolsos millonarios como se pueden prever los de las estrellas del programa de Jorge Javier Vázquez o el fichaje de David Broncano para La Revuelta.
Sus dos primeras temporadas supusieron una factura de 28 millones de euros para el erario público. Resulta complejo de asimilar que el Gobierno aumente la presión fiscal a sus ciudadanos bajo el argumento de que sirven para sostener la educación, la sanidad y otros servicios, y se utilicen para promover una televisión pública de baja calidad.
Lejos de servir a los intereses de la ciudadanía, el ente funciona como arma para las batallas de Moncloa. El uso partidista de los servicios informativos supone un defecto intolerable en el que han insistido con mayor o menor inquina todos los gobiernos y particularmente este último.