El putero es el personaje que representa al oficio más antiguo del mundo , a pesar de que la leyenda les ha atribuido a las mujeres el protagonismo de una actividad comercial que algún día empezó a practicarse, posiblemente en tiempos de nuestro padre Adán, cuando el longevo primer hombre bíblico tenía 200 años.

No voy a entrar en el debate sobre la libertad de las mujeres o los hombres que deciden prostituirse como una forma de entender su vida laboral, entre otras razones porque existen testimonios suficientes de quienes libremente ha elegido esa opción y la defienden a cara descubierta en declaraciones que hacen en algunas televisiones, y por supuesto tampoco ignoro los casos de esclavitud sexual.

Hoy no quiero hablar de moral sino de estética, porque lo mío es describir situaciones sobre la condición humana y dejo en manos de los curas y de los jueces el trabajo de sermonear o perseguir penalmente, si fuera el caso, a quienes se lo merezcan. Por eso escribo sobre uno de los perfiles más cutres que existen en la sociedad y que están relacionados en el imaginario colectivo con un tipo entrado en años y carnes, que se hace fotos en calzoncillos anchos y arrugados, con un nivel de respeto a sí mismo y a los demás a ras del suelo y una capacidad intelectual de Cotolengo.

Se dice que la discreción es fundamental cuando alguien pretende proteger su imagen, y por eso las conductas intimas deben ser intimas si no quiere uno salir fotografiado en paños menores en la revista Interviú, como le sucedió al finado ex Director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, al que ahora le ha cogido el relevo un general de ese mismo cuerpo.

Pero regreso a la esencia de la estética, que es algo incompatible con la condición de garrulo impotente consumidor de viagra y cocaína, y más aún si es un político que se atribuye el derecho inherente a su cargo institucional a que el Estado le pague los servicios de las señoras putas, porque para ellos comer y follar gratis son dos privilegios del cargo.

Es cierto que cada grupo político tiene sus manías, pero el colectivo al que pertenecen éstos tiene una cierta tradición en celebrar sus éxitos de forma poco discreta, porque siempre hay un fotógrafo que les pilla con el culo al aire y la nariz manchada de polvo blanco.

Hoy no quiero desarrollar más esta tesis sobre la estética de los implicados en juegas cutres, pero sí haré una petición que se la llevara el viento. : cuando hagan las listas para las elecciones nacionales, autonómicas y municipales procuren elegir a gente con estudios o al menos con experiencia laboral.  Que tengan alguna ideología – no como Sánchez que las tiene todas – y exíjanles que se alivien en sus casas.

Diego Armario

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 13/06/2024

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