Llega el verano pero la decadencia española ni descansa ni se va de vacaciones, sigue su curso a toda mecha. Ese vertedero no deja de sorprendernos, casi siempre para mal. Los de «Hermana yo sí te creo! ahora tienen un problemón, pues su última abanderada, Elisa Mouliaá ha demostrado, para sorpresa de nadie, ser una mentirosa.

Ya sólo con su testimonio quedó claro que pretendía convertir en agresión lo que, según la historia contada por ella misma, no fue más que un rollete de una noche que, tanto a ella como a Errejón, les puso a mil. El público asistió a la telenovela pasmado por la importancia que se dio a tamaña memez. 

Pero se ha demostrado que Mouliaá no sólo era poco inteligente, sino que estaba mintiendo deliberadamente, pero ni eso supo hacer bien, y ahora que han salido los audios, seguramente sea tarde para anular la injusticia cometida contra Errejón sin pasar por un juzgado. 

Tronos a las causas, cadalsos a las consecuencias. Quizá haya que volver a lo de «Inocente hasta que se demuestre lo contrario» para no lamentar hechos como este, cuando el daño a la verdadera víctima ya se ha perpetrado.

Tenemos también a un jugador de fútbol que celebra sus dieciocho años contratando a personas con acondroplasia, enanos de toda la vida, y a «chicas de imagen», putas desde que el hombre es hombre.

Mal unos por prestarse a trabajar vendiendo su dignidad para que otros se diviertan a costa de ellos. Mal las otras por venderse tan baratas, aunque cobren auténticas fortunas. Y mal por el tonto que contrata a unos y a otras, porque, al ritmo que malgasta la vida, poco va a estar en la cresta de la ola.

Y claro, la gente que todavía conserva algo de dignidad no puede sino horrorizarse viendo cómo celebra las fiestas esa chusma. Pero tampoco cabe esperar más de una sociedad que considera el mutuo acuerdo entre ambas partes el único requisito que acredita un acto, por perverso que este sea.

Y claro, si Lamine quiere pagar dos mil euros a un enano para reírse de él y este está dispuesto a convertirse en un payaso humillado por dos mil euros, ¿quién se atreverá a rechistar? Es el mismo argumento que la sociedad esgrime para justificar la prostitución y todo tipo de relaciones viciosas y contra natura. Una vez más, tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias.

Y por último tenemos Torre Pacheco, pero también Granada, Aranda de Duero y otros tantos pueblos que se van sumando cada día al mismo malvivir: peleas, robos, violaciones… Han llenado las calles de inmigrantes, hasta el punto de que en algunas escuelas son minoría los nacionales. Algunos lugares han dejado de ser España, y funcionan ya bajo una autoridad extraoficial distinta a la que nos molesta al resto, cada vez más parecido a lo que sufren en Francia.

Todo el mundo tiene un límite, que, si no se ha rebasado ya, poco le falta, y las patrullas ciudadanas van en aumento…

Es lo que tiene, para sentirse bueno y muy de izquierdas, llenar España de inmigrantes para la foto, dejándolos después, eso sí, a la intemperie, sin oficio ni beneficio. Otra vez más, tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias. ¿A qué sociedad podemos aspirar cuando Mouliaá y Lamine son puestos en tronos? A la vista están las consecuencias. 

Jaume Vives (La Gaceta)

Categorizado en:

Humanidad,

Última Actualización: 17/07/2025

Etiquetado en: