En un país casi democrático, ya sabéis, de esos donde la separación de poderes se da por supuesta pero no por sentada, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) ha entrado, por orden del Tribunal Supremo, en la sede del partido del gobierno. También ha registrado varias empresas vinculadas a esa nebulosa “trama” que ya ni necesita apellido, porque todo el mundo sabe de qué hablamos. Lo que antes eran sospechas, hoy son carpetas con membrete judicial.

Y mientras el cerco se estrecha y el hedor a cloaca institucional se filtra hasta en los ambientadores del Congreso, uno no puede evitar preguntarse: ¿Hubiera dimitido el presidente en otro país democrático?

La respuesta, por supuesto, es sí. Pero esto no es “otro país democrático”. Esto es España, versión Sanchistán. Aquí, ante semejante terremoto institucional, lo que se impone no es convocar elecciones, sino tomarse un retiro espiritual con Illa, el último mohicano del socialismo catalán. Reunión sin agenda, sin luz ni taquígrafos, probablemente para decidir si el presidente sigue en fase de reflexión, entra en modo “resistencia 2.0” o se compra una lira para ir practicando mientras todo arde a su alrededor.

Porque, seamos sinceros, el paralelismo ya no es solo inevitable, es casi oficial, Pedro Sánchez es nuestro Nerón. Solo que, en lugar de incendiar Roma, deja que las instituciones se achicharren solas mientras él aparece en prime time con un discurso de media hora en el que no dice nada… y, encima, exige aplausos.

¿Y qué más falta por salir a la luz para que haya una reacción mínimamente decente? ¿Los audios del caso Pegasus? ¿Una llamada comprometedora? ¿Un contrato público adjudicado por señales de humo? ¿Fotos en toga con jueces afines? ¡Ni con hologramas incriminatorios habría reacción! Porque aquí ya no gobierna un presidente, gobierna un guion, una puesta en escena, una tragicomedia que solo se sostiene por la fe ciega de su red clientelar y la pasividad anestesiada de los suyos.

Eso sí, mientras la cúpula judicial ve cómo se acerca el ariete del Ejecutivo, ya se prepara una huelga de jueces. No por mejoras salariales, sino por dignidad. Para evitar que el último bastión del Estado de Derecho acabe absorbido por el Estado del Partido. ¿Qué más tiene que pasar? Aún hay ilusos que dicen: ¡Venga Pedrito que de ésta también sales!

Última cortina de humo: provocar a los miembros de la OTAN con su negativa al 5%.

Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 21/06/2025

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