Estos días estamos siendo testigos de momentos de gravísima angustia vividos por una parte de nuestros compatriotas, especialmente los residentes en partes de la querida Comunidad valenciana que han visto, inermes, como la vida, tal cual la conocían hasta aquel momento, se la llevaba por delante una riada infernal, dejando a su paso muerte, dolor y ruina.
Vivimos en una España en la que no funciona nada. La red de carreteras, aquellas que son gratuitas, está hecha un desastre, pudiendo malamente circular por ellas. Los trenes no funcionan. Se invierte en ferrocarriles sin siquiera tomar la precaución de conocer el gálibo de los túneles y, en función de ello, adquirir el nuevo material. No se construyen viviendas sociales capaces de atender la gran demanda existente. La mayoría no quiere trabajar ni oír hablar de ello, satisfechos con la paguita que reciben que les da para vaguear y, de paso, para que el político de turno asegure la poltrona, merced a los votos de los subsidiados.
Las Instituciones están manejadas por amiguetes o correligionarios que siguen, al pie de la letra, los dictados del sátrapa que manda, perpetuando fielmente aquel postulado del que se mueve no sale en la foto.
Los medios de comunicación, esos que llaman libres y objetivos, a cada paso están más controlados por el gobierno gracias a las ingentes cantidades del dinero de todos con los que son financiadas.
La juventud está totalmente alienada más preocupada por celebrar el “jalogüin”, disfrazándose al más rancio y estúpido estilo de yankilandia, que de los serios problemas por los que atraviesa la Patria, algo que, a lo que se ve, no les preocupa lo más mínimo mientras haya conciertos a los que asistir, “jalogüines” para vestirse de monas y terracitas en las que sentarse para tomar una cañita.
Y ahora nos encontramos con una situación de auténtica emergencia nacional para la que el gobierno sociata no ha sabido ni ha querido tomar las medidas urgentes y necesarias para paliar o, al menos, minimizar los daños habidos.
Me pregunto si los valencianos afectados por las lluvias torrenciales que se han quedado sin nada de lo que tenían, incluso sin vivienda, y que llevan pagando impuestos toda la vida, van a recibir el mismo trato que reciben todos esos indocumentados que cruzan ilegalmente, cada día, nuestras fronteras y que, al pisar suelo español, son alojados en hoteles, algunos de hasta cuatro estrellas, sin saber siquiera de dónde vienen ni a qué vienen.
Pero no hay problema, a los nuestros, como sucedió en Lorca cuando el terremoto o en La Palma cuando el volcán, se les alojará hacinados en polideportivos, en contenedores o en otros espacios de fortuna.
Entonces, ¿para qué coño pagamos los impuestos? Ya que el hecho de pagarlos de forma abusiva para mantener vagos no nos produce beneficio alguno con relación a otros que no pagan ni un euro.
Y otra cosa que me gustaría saber, aunque dudo mucho que salga a la luz: ¿ quiénes son los más de ochenta detenidos por delitos de pillaje? Convendría conocer, hasta donde se pueda, su identidad ya que a lo mejor nos llevamos una sorpresa.
Y una cosa más, ¿por qué a todos estos que estamos pagando y alimentando, venidos de fuera de nuestras fronteras, no los ponemos a trabajar en la reconstrucción de las zonas afectadas? Al menos aportarían su granito de arena en la tierra que les está dando de comer.
También me pregunto por qué no se permitió, desde un primer momento, a las Fuerzas Armadas y a las de Seguridad de Estado sumarse a las tareas de recuperación y protección de las zonas objeto de devastación. ¿Qué pintamos nosotros en no se qué flanco este o en el Báltico y, sin embargo, no estamos donde deberíamos estar? Esperemos que el día que el moro sátrapa pretenda tomar Ceuta o Melilla, esos mismos que llamamos aliados acudan en masa a defender nuestros intereses.
Termino. Me dio asco escuchar, el otro día, a una de estas malnacidas de la maldita podemía poner el grito en el cielo porque Amancio Ortega destinó un dinero para ayudar a la Comunidad valenciana. Es el colmo que estas muertas de hambre, indocumentadas, sectarias y miserables se atrevan a decir ni una sola palabra.
Lo que tendrías que hacer, payasa, tú y tu tropilla de miserables era destinar el sueldo inmerecido que cobráis, sin otro mérito que ser amiguitas del macho alfa, a ayudar a quien lo necesita. Déjate de demagogia barata que ya se os ha visto el plumero en demasiadas ocasiones y nadie se cree vuestras mentiras y, de paso, ponte a trabajar en algo que no sea enfangar más nuestra Patria.
A pagar a esta gentuza, sin preparación alguna, sin otros méritos que los ya sabidos, dedicamos una parte de nuestros impuestos al igual que para mantener a toda esa pléyade de antiespañoles que ocupan las Instituciones, con los sociatas a la cabeza.
Pagar impuestos, ¿para qué?
Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)