Bajo los viles apaleamientos de los cobardes y miserables asaltos policiales, la juventud y la veteranía heroica de Ferraz, está dando voz a unos pocos y sacrificándose por todos.

«¡Apaleadlos! ¡Una y otra vez, apaleadlos! ¡Apaleadlos sin descanso, porque no son de los nuestros, sino amantes de la verdad y de la libertad»! -gritan los socialcomunistas a sus esbirros policiales-.

«Dejad hacer, sin que os mováis a la denuncia, a estos pobres diablos antiespañoles, vendidos como vosotros, -dicen a su vez los apaleados dirigiéndose a los periodistas y tertulianos del pesebre-, que se retraten y desenmascaren una vez más ante los ciegos de condición, ante quienes esconden la cabeza bajo el ala; dejadlos que nos apaleen, pero alejaos todos los fariseos de izquierdas y de derechas, todos los tibios y equidistantes, para que nuestra sangre no salpique vuestras túnicas blanqueadas».

Contra los ciudadanos que rezan, contra los jóvenes no adoctrinados ni delincuentes ni okupas, contra las familias pacíficas, tienen los policías de Marlasca palos y braveza. Muestran su ímpetu y su parafernalia ofensiva y defensiva contra las mansas ovejas y contra las gallinas atadas, como todos los matones y bravucones que serán y han sido. No van contra los incendiarios, contra los asaltafronteras, ni contra las chusmas ultraizquierdistas armadas y adiestradas; no muestran sus iras contra quienes los agreden y humillan, ni contra los que van pertrechados como ellos y también ciñen espada, sino contra jóvenes, mujeres y viejos indefensos.

Señal es de enorme cobardía acometer a los que poco pueden. Las sucias moscas sólo pican a las piezas débiles y flacas; los gozques, esos perros sobrados de pulgas, alimentados con basura y que duermen debajo de las llantas de los carros de sus amos, es a los pobres peregrinos a quienes ladran y muerden con más ahínco.

Náuseas y oprobio para la policía socialcomunista y para todos sus cómplices silenciosos.

Jesús Aguilar Marina (ÑTV España)