17%. En todo caso, muy cerca de los 52 diputados de su momento de gloria o incluso por encima. Y eso ha forzado al PP a endurecer su discurso y a pelear por retener el voto rural. “El centro está muerto”, dicen ahora. Otros -en cambio- creen la polarización provoca fuga de votos.

El PP parece instalado por encima del 15% de intención electoral. Algunos incluso la cifran en el ¿Por qué ese crecimiento? Vox ha hecho una apuesta estratégica por la capitalización del descontento social, especialmente por la inmigración. Su apuesta no es conservadora ni liberal, sino la queja, la esperanza de quien no tiene nada que perder. Su lenguaje deslenguado les permite distanciarse de la ‘casta’. Su discurso es ‘bipartidismo rancio o nosotros frescos’, alternativa más que alternancia, diferente frente a lo de siempre.

Se podrá argumentar que su posición es de brocha gorda. Y es posible que sea cierto. Pero no es menos cierto que la alternativa popular es cada vez más indistinta del socialismo y que el mismo Feijóo ha verbalizado su voluntad de pactar con el PSOE.

Por otra parte, la mediocridad política se ha transparentado con las crisis: desde el volcán de la palma a los incendios del verano pasando por la dana de Valencia. El sanchismo del “si necesitan ayuda que la pidan” es repugnante. Pero la ausencia de capacidad de gestión y las luces cortas de no reclamar la emergencia para anotarse el tanto de la solución también ha sido muy evidente.

Unos y otros han evidenciado su incapacidad para servir al ciudadano. Y ambos están cómodamente instalados en un sistema del que no pretenden salir porque fuera de la política hace mucho frío.

Todo esto aderezado con unos impuestos asfixiantes y una hiperregulación que impide subir salarios, rebajar precios y hasta sobrevivir. No es extraño que haya concursos públicos desiertos y que hasta el CEO de Renault se queje del ‘tsunami regulatorio”.

Enfrente, hay un partido que vende la tierra que mana leche y miel. Un sociedad con menos regulación, menos impuestos, más libertad y más presencia del Estado cuando se le necesite. También ‘venden’ ser ajenos a la casta y al sistema y buscar solo el Bien Común.

Es seguro que los ‘verdes’ no son la Virgen de Lourdes. Es duda su capacidad para cumplir con todas sus promesas porque están más enfocados en el relato que en el análisis serio y profundo de la realidad y de sus posibles alternativas. ¿Cómo van a reducir impuestos?, ¿cuales y en qué cuantía?, ¿qué gastos recortarán para poder hacer esa reducción fiscal?

Lo de eliminar chiringuitos está bien. Y es necesario. Pero es el chocolate del loro. ¿Eliminarán diputaciones?, ¿qué harán con sus funcionarios?, ¿congelarán las pensiones?, elevarán la presión sobre los ayuntamientos?

Incluso en materia migratoria: ¿expulsarán a todos los ilegales?, ¿les meterán en el avión destino a sus países de origen?, ¿cuál es el coste?, ¿y si desconocen el país de orígen?, ¿los dejarán en un limbo ‘sine die’?, ¿los endosaron a Marruecos sin preguntar?

La brocha gorda vende bien, pero luego hay que ponerle patas. España necesita reformas de calado y urgentes. Y no son fáciles. Hace falta un bisturí que no tiemble como el de Milei, con mano firme y visión de altura.

Esperemos que la oposición esté a la altura porque España sufre una especie de diabetes: estamos enganchados al azúcar y sufrimos una enfermedad mortal silente e inapreciable.

Luis Losada escador (Actuall.com)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 15/09/2025

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