Que bien lo definieron, aunque para vergüenza de todos los españoles, los ingleses cuando al hablar de tal “Antonio” lo renombraron como “el galgo de Paiporta” por aquella vergonzosa espantada que hizo, huyendo cuál vulgar cobarde, dejando solo a su jefe, el Rey que sí dio la cara ante un pueblo indignado por la inacción.

Ya lo dije en aquella ocasión. En la fórmula del juramento que un día prestamos, algo que convendría recordarle a muchos, se decía, entre otras cosas, que no abandonaríamos jamás a nuestros jefes; algo que, a lo que se ve no va con el sátrapa cobarde del pantalón de pitillo que huyó, de forma vergonzosa, cuál galgo asustado ante el temor a que alguien le pidiese cuentas.

Sin embargo, también conviene recordarle a este individuo, que el jefe, en este caso él, es siempre el único responsable, bien sea por acción u omisión, de la gestión de sus subordinados. En igual medida, cuando algo marcha mal, es el que manda quien tiene la obligación de asumir las responsabilidades, al contrario que cuando las cosas van por el buen camino, en cuyo caso el mérito lo es de todos. Ese es el prototipo de “mando guía” que nos enseñaron de jóvenes y que muy pocos ponen en práctica.

Hoy, tras el penúltimo escándalo -el último aún está por llegar-, hemos visto la imagen, no del gallo prepotente, con esa sonrisa de autosuficiencia cínica a la que nos tiene acostumbrados, sino la de un galgo acobardado, incapaz de asumir sus responsabilidades. Y, al igual que cuando dejó en el abandono más absoluto a su jefe, ahora lo hace con sus subordinados a los que culpa de la corrupción galopante que asola España y que, por lo visto, nada tiene que ver con él.

Es el colmo del cinismo y de la vergüenza más absoluta y encima aparece el famoso CIS, esa cueva de cocineros mentirosos, pagados por el poder, con su encuesta en la que los sociatas van como cohetes, supongo que para estrellarse, en breve espacio de tiempo, en el banquillo de los acusados.

Pese a todo, aún tendremos oportunidad de ver esa bancada indigna de sociatas lameculos levantarse a aplaudir a su gurú o a cualquiera de los que lo acompañan, cuando si tuvieran un mínimo de dignidad, de amor propio y de honor, que no tienen, bastaría para evitar que los acusen de complicidad o encubrimiento, levantarse del escaño y dejar, por el bien de España, al sátrapa a su suerte.

Algo que también es de aplicación para todo el lumpen de esa ultraizquierda que lo mantiene en el gobierno. Todos ellos -comunistoides de salón de casa rica; delincuentes golpistas catalufos; la cobarde derechona vasca; los filoterroristas que siguen homenajeando a asesinos; etc.-, son, por complicidad, corresponsables de lo que está sucediendo en España, algo que de sobra sabemos no les importa porque ellos solo ambicionan su destrucción, lo que nos lleva al origen del problema: el lumpen con el que pactó el sátrapa y el precio que estamos pagando todos para mantenerse él un día más en la Moncloa.

Durante días hemos tenido que soportar a tipos deleznables como la portavoz Alegrías y juergas, con su forzada sonrisa cínica; al individuo ese de las gafas, ministro de no sé qué, jefe de los sociatas de Madrid; a la tal “uropa”, cada día más insoportable; incluso a la “picotuda” de Fene, salir a la palestra para decir que todo era una trama de algunos Jueces y de la Guardia Civil patriótica,

Y ahora, ¿qué?, ¿siguen siendo mentiras?, ¿siguen siendo montajes de la fachosfera para desprestigiar a los pobrecitos sociatas? Si tuvieran u poco de dignidad y de honor, a la vista de lo que se sabe, ya habría hecho la maleta y habrían dejado al sátrapa en la soledad más absoluta.

Los sociatas son lo mismo que fueron siempre, algo que está sobradamente acreditado, salvo para los lerdos, malvados o los ignorantes, con solo repasar la historia. Sin embargo, ahora tienen su momento. Llega con que unos cuantos, los que tengan más honor y dignidad, le den la espalda, tanto en el Congreso, como en las Comunidades Autónomas y en los Ayuntamientos, a todo aquello que huela al corrupto sanchismo.

Con eso bastaría para desmontarlo del poder y que España dejase de sufrir los desafueros de estos canallas. Sin embargo, como dirían los catalufos, la pela es la pela y, el dinero, compra voluntades, juramentos e incluso, para quien no lo tenga, aunque presuma de ello, el honor.

Que nadie se olvide nunca que lo que sucede en España no es un problema que tengan que resolver, en exclusiva, un puñado de Jueces con honor y una Unidad de la benemérita Guardia Civil, que sabe perfectamente cuál es su divisa; lo que sucede en España es un problema que tenemos que resolver todos los españoles, más allá de disciplinas y otras zarandajas a las que se aferran los cobardes o aquellos que no quieren perder sus privilegios.

Si queremos que España sobreviva es imprescindible hacer que el “galgo de Paiporta” huya despavorido de la Moncloa.

Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 13/06/2025

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