El día en que Libertad Digital publica los problemas cardiovasculares del presidente y su espíritu hipocondríaco, Sánchez saca su nuevo conejo de la chistera: desclasificar los documentos del 23F. ¿Qué pretende? Es sencillo: enviar un distractor potente a la opinión pública que opaque sus problemas de salud y sus escándalos de corrupción. Y lo consigue.

‘Vende’ que se trata de un ejercicio de transparencia que permitirá a las nuevas generaciones vivir en verdad. Sin embargo, no se aplica la receta transparente para cuestiones que son relevantes en el presente. Por ejemplo, ha declarado como “reservada” el acta de soldadura de la traviesa de Adamuz.

Y seguimos sin conocer detalles de los viajes en Falcón y de los múltiples viajes a Dominicana. Tampoco ha querido informar sobre los motivos por los que su hermanísimo residió en el complejo presidencial de Moncloa no siendo públicamente nadie. Y desde luego, la opacidad es total en la financiación de Bancal de Rosas, el chiringuito que creó para financiar sus primarias al PSOE después de que le echaran. ¿Y qué me dicen del dinero que gasta en efectivo?

También estaría muy bien conocer los motivos por los que la Agencia de Protección de Datos archivó la denuncia por la existencia de cámaras en los prostíbulos de su familia política.

El morbo del 23F también permite que pase desapercibidas otras informaciones como que un ex alto cargo del CNI tenía el 25% de Análisis Relevante, SL, el chiringuito del presunto testaferro de ZP que pagaba facturas elevadas al ex president y sus hijas por presuntos servicios en Plus Ultra. O que el mismo testaferro viajara con Delcy Rodríguez en avión oficial. O que las ayudas a Marruecos se hayan disparado desde el espionaje al presidente. O escuchar a Jésica, la amante de Ábalos, reconocer que la pagaban en una empresa pública sin trabajar…

Pero hay más. La desclasificación del 23F pretende desprestigiar a la Monarquía, acusar a Juan Carlos I de estar detrás del golpe y a su hijo de ser su heredero político. Un daño reputacional que permite abrir el debate monarquía-república con más garantías.

Además del narcisismo de no aceptar a nadie por encima de él se encuentra su voluntad de dinamitar el alma de la nación. Y la monarquía, con todos sus errores, encarna ese alma de una España consecuente, responsable, creativa, misericordiosa, unida pero diferente y evangelizadora.

No pretende debatir sobre la forma de Estado; pretende convertir a España en lo que no es y que renuncie a lo que es. Esa es la gravedad.

Luis Losada Pescador (Actuall.com)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 25/02/2026

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